El día que Linares creyó haber encontrado a un niño perdido

Hace casi 29 años, Frédéric Bourdin inició en la ciudad minera la suplantación de identidad que acabaría convirtiéndolo en un fenómeno internacional

Por:Javier Esturillo
Fotogramas del documental 'El impostor'.

Corría octubre de 1997 cuando una pareja de turistas alertó a la Guardia Civil tras encontrarse en Linares con un joven, aparentemente de unos trece años, desorientado, asustado y sin ningún tipo de documentación. Los agentes lo trasladaron al centro de menores de la ciudad al no conseguir averiguar quién era ni de dónde procedía.

Aquel adolescente, sin embargo, no era un menor abandonado. Se llamaba Frédéric Bourdin, tenía 23 años y era un ciudadano francés nacido en Nanterre en 1974. Su nombre ya figuraba en los archivos policiales de varios países europeos por una especialidad tan insólita como inquietante: hacerse pasar por menores desaparecidos para conseguir una nueva identidad. Lo que aún nadie sabía era que en Linares estaba a punto de ejecutar la impostura que acabaría convirtiéndolo en uno de los suplantadores más famosos del mundo.

Desmontando la mentira

Los primeros días en el centro de menores no transcurrieron como Bourdin esperaba. La magistrada encargada del caso comenzó a sospechar de su versión y le advirtió de que, si seguía ocultando su identidad, le tomarían las huellas dactilares y fotografías para intentar localizar a su verdadera familia.

Aquella posibilidad suponía el final de su engaño. Con antecedentes por hechos similares, Bourdin sabía que la identificación podía conducirlo directamente a prisión. Necesitaba una historia nueva y, sobre todo, una identidad imposible de comprobar de inmediato.

Fue entonces cuando aseguró ser un adolescente estadounidense que había huido de casa y pidió llamar personalmente a su familia aprovechando la diferencia horaria con Estados Unidos. Solicitó pasar la noche en la oficina del centro para realizar la llamada.

La llamada

Desde un teléfono del centro de menores de Linares realizó una llamada decisiva al Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados de Virginia.

No se presentó como el joven encontrado en Linares. Se hizo pasar por un supuesto policía español llamado Jonathan Durean y explicó que habían localizado a un adolescente cuya identidad desconocían. Describió sus rasgos de forma deliberadamente ambigua para que coincidieran con alguno de los numerosos casos abiertos en Estados Unidos.

La organización respondió con un nombre: Nicholas Barclay, un joven de San Antonio (Texas) desaparecido tres años antes. Bourdin pidió que le enviaran por fax el expediente y las fotografías del menor. Minutos después volvió a telefonear para confirmar que, efectivamente, el chico encontrado en España era Nicholas Barclay.

La realidad era muy distinta. Cuando Nicholas desapareció tenía trece años y, de seguir con vida, habría cumplido dieciséis. Bourdin tenía ya veintitrés. Uno era rubio y de ojos azules; el otro, moreno y con ojos oscuros.

Años después el propio impostor resumiría aquella diferencia con ironía: «Solo nos parecíamos en que teníamos cinco dedos en cada mano».

La transformación en Linares

La farsa fue creciendo hasta el punto de que el vicecónsul estadounidense se desplazó a Linares para entrevistarse con el supuesto menor. Precisamente ese día Bourdin huyó del centro, aunque fue localizado horas después caminando por las calles de la ciudad con una gorra y una bufanda que ocultaban parte de su rostro.

Su dominio del inglés y su actitud convencieron al representante diplomático de que podía tratarse realmente del joven desaparecido. Mientras tanto, la familia Barclay ya preparaba el viaje a España.

Antes del encuentro, Bourdin llevó la transformación hasta el extremo. Se tiñó el pelo de rubio y consiguió reproducir en su cuerpo tres tatuajes que figuraban en el informe de Nicholas Barclay. Una joven del propio centro de menores realizó aquellos dibujos improvisados, entre ellos una cruz visible en la mano derecha.

El 14 de octubre de 1997, Casey Barclay llegó desde Texas hasta Linares para reencontrarse con quien creía que era su hermano, desaparecido desde 1994. El joven apenas hablaba, llevaba la cabeza cubierta y mostraba el tatuaje que coincidía con el expediente. Casey terminó convencida de que era Nicholas.

Ni la Guardia Civil, ni la Fiscalía, ni la jueza parecían compartir plenamente esa certeza. Sin embargo, la declaración jurada de la hermana y el respaldo del consulado estadounidense permitieron que Bourdin abandonara España rumbo a Estados Unidos con una identidad completamente falsa.

Un año viviendo como Nicholas Barclay

Durante casi un año vivió en San Antonio integrado en la familia Barclay. Dormía en la habitación de Nicholas, acudía a actos públicos y respondía a los medios de comunicación que seguían el supuesto milagroso reencuentro. Cada contradicción la justificaba asegurando que había sido víctima de una red de explotación sexual que lo había retenido durante años en Europa.

Las dudas, sin embargo, comenzaron a acumularse. El investigador privado Charlie Parker detectó que las orejas, los ojos y algunos tatuajes no coincidían con las fotografías originales del adolescente desaparecido.

El FBI ordenó finalmente una prueba de ADN. El resultado, conocido en 1998, desmontó definitivamente toda la mentira: Frédéric Bourdin no era Nicholas Barclay.

El 9 de septiembre de ese año se declaró culpable en un tribunal de San Antonio de perjurio y falsedad documental. Fue condenado a seis años de prisión, aunque cumplió alrededor de cuatro antes de ser deportado a Francia.

Un misterio que sigue abierto

La condena no puso fin a su trayectoria. Entre 2000 y 2005 volvió a utilizar identidades falsas en distintos países europeos, haciéndose pasar de nuevo por menores huérfanos o víctimas de conflictos bélicos hasta ser desenmascarado definitivamente.

El caso de Nicholas Barclay, por el contrario, continúa sin resolverse. El adolescente desaparecido en Texas en 1994 jamás fue localizado y su desaparición sigue oficialmente abierta.

La extraordinaria historia de Frédéric Bourdin ha dado lugar a libros, documentales, películas y numerosos programas de investigación criminal. El documental ‘The Imposter’ (2012), dirigido por Bart Layton y galardonado con el premio BAFTA al mejor debut británico, reconstruyó el caso con testimonios del propio Bourdin, miembros de la familia Barclay y agentes del FBI, combinados con recreaciones cinematográficas.

La historia también inspiró la película ‘The Chameleon’ (2010), protagonizada por Marc-André Grondin, Ellen Barkin y Famke Janssen, además de ser objeto de reportajes y episodios en programas internacionales especializados en true crime, como 60 Minutes o Investigation Discovery.

No obstante, pocas veces se recuerda que el origen de toda esa historia estuvo en Linares. Fue en el centro de menores de la ciudad donde Frédéric Bourdin concibió la identidad que lo llevaría hasta Texas, realizó la llamada que desencadenó el fraude, se tiñó el pelo, falsificó sus primeros tatuajes y consiguió sostener la mentira que acabaría dando la vuelta al mundo.

Durante unos días de octubre de 1997, Linares se convirtió, sin saberlo, en el escenario donde comenzó uno de los casos de suplantación de identidad más extraordinarios y desconcertantes de las últimas décadas.

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