Dos jóvenes de Linares superan una de las oposiciones más exigentes de España

Inmaculada Carrión y Victoria Garzón consiguen casi al mismo tiempo una plaza como inspectoras de Hacienda a una edad poco habitual en la Administración General del Estado

Por:Javier Esturillo
Inmaculada Carrión y Victoria Garzón.

En Linares hay historias que merecen contarse dos veces, aunque en realidad formen parte de una sola. Inmaculada Carrión Mira y Victoria Garzón Ortega son amigas, tienen 26 y 27 años y han logrado casi al mismo tiempo una de las plazas más exigentes de la Administración General del Estado.

Las dos son inspectoras de Hacienda. Las dos estudiaron Derecho y Administración y Dirección de Empresas (ADE). Las dos conocen el precio de una oposición que obliga a poner la vida entre paréntesis. Y las dos tienen algo que no aparece en ningún expediente académico ni en ninguna relación de aprobados: Linares como punto de partida.

No es habitual que una ciudad de población media pueda contar que dos de sus jóvenes han alcanzado, prácticamente a la vez y a una edad tan temprana, el Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda. Menos aún que se conozcan, que sean amigas y que hayan compartido parte de ese camino mientras cada una libraba su propia batalla.

No han preparado la oposición de la misma manera ni han vivido las mismas circunstancias. Tampoco tienen exactamente la misma mirada sobre el futuro. Pero las une una historia que empieza en la misma ciudad y termina, por ahora, con dos plazas que abren una nueva vida lejos de casa.

Victoria y el último examen

Para Victoria Garzón Ortega, el 2 de junio de 2025 tiene una fecha y una sensación que difícilmente olvidará. Aquel día aprobó el último ejercicio de la oposición. Había llegado hasta allí después de un primer intento en el que superó cuatro de los cinco exámenes y se quedó a las puertas en el último. La segunda vez solo tenía que enfrentarse a ese ejercicio pendiente. Lo consiguió.

«Sentí alegría y satisfacción de ver cómo por lo que tanto había trabajado lo había conseguido», recuerda. Después llegó una sensación quizá todavía más profunda: «Liberación al no tener que sentir nunca más el peso de la oposición a mi espalda», relata a este periódico.

Y, junto a ellas, el agradecimiento. A quienes estuvieron durante los años de estudio, a quienes soportaron sus momentos malos y celebraron los buenos. «Me alegraba que toda la gente que tenía a mi lado se alegrara tanto o incluso más que yo de mi logro», explica.

La oposición, sin embargo, no estaba en sus planes cuando comenzó la carrera. Hasta quinto curso no se había planteado preparar ninguna. La pandemia irrumpió justo cuando tenía que empezar a buscar su camino profesional y las oportunidades laborales se redujeron. Victoria decidió explorar una alternativa que hasta entonces no había contemplado.

Había algo que jugaba a su favor: la constancia. Siempre había sido una estudiante disciplinada y, además, durante su doble grado de ADE y Derecho en inglés en la Universidad Carlos III de Madrid había descubierto que el mundo fiscal y contable le interesaba especialmente. Terminó la carrera en el curso 2021/2022 y, asesorada también por personas de Linares que habían aprobado otras oposiciones, comenzó una preparación que afrontó desde el principio con dudas. «No me arrepiento en absoluto», dice ahora.

Su primera convocatoria terminó siendo mucho más que una toma de contacto. Aprobó los cuatro primeros ejercicios pese a llevar poco tiempo estudiando. Al principio pensaba que aquellos aprobados servirían para preparar mejor la siguiente oportunidad. Pero, conforme avanzaba, la posibilidad de conseguir la plaza aquel mismo año empezó a parecer real. Hasta que llegó el quinto ejercicio.

El suspenso fue especialmente duro porque se había quedado muy cerca. «Fue como un jarro de agua fría y de realidad», recuerda. Habían sido meses de enorme desgaste mental, preparando pruebas muy distintas en poco tiempo. Sin embargo, aquel resultado también le permitió comprobar cuánto había avanzado.

Victoria Garzón Ortega.

El año siguiente el sistema cambió y Victoria solo tuvo que volver a enfrentarse al último examen. Era oral. Había que volver a ponerse delante de los preparadores, repetir los temas, corregir errores y mejorar semana tras semana sus «cantes». Lo hizo hasta que llegó el aprobado.

No fue una preparación compatible con una vida convencional. Estudiaba seis días a la semana y descansaba uno. Ocho horas efectivas de media al día, más durante las convocatorias. Hubo comidas, viajes y planes familiares a los que tuvo que renunciar. Recuerda especialmente la Navidad de su primera convocatoria, cuando el segundo examen estaba previsto para principios de enero.

Pero intentó que la oposición no se lo llevara todo por delante. Organizaba sus horas para perderse el menor número de planes posible y reservaba un momento al final del día para hacer deporte. «Creo que ha sido esencial para mí durante este tiempo», cuenta.

También fue importante regresar a Linares después de estudiar en Madrid. Aquí encontró a su familia, a su pareja, a sus amigas y un entorno que hizo más llevaderos los años de preparación. Una conversación, un paseo, una tarde compartida. Pequeñas cosas que adquieren otra dimensión cuando la vida gira alrededor de una oposición.

Ahora, después de completar el curso selectivo de un año en la Escuela de la Hacienda Pública del Instituto de Estudios Fiscales, Victoria prepara su siguiente salto. En septiembre comenzará a trabajar en Lleida.

Lo hace con ilusión y con una idea clara de la responsabilidad que supone ser inspectora de Hacienda. Quiere aprender de otros profesionales, conocer a sus nuevos compañeros y ejercer su profesión «de manera profesional y ética».

Quizá lo más revelador sea que aquella niña que estudiaba en Las Esclavas nunca imaginó este destino. Le interesaban la economía y los campos relacionados con ella, pero no pensaba que pudiera llegar hasta aquí. Conserva, eso sí, el recuerdo de unos profesores que confiaron en ella y a los que atribuye parte de su formación.

A quienes hoy miran una oposición desde fuera con vértigo, les dice algo que resume su propia experiencia: «La clave es ir paso a paso, objetivo a objetivo y semana a semana».

Inmaculada, la constancia como camino

La historia de Inmaculada Carrión Mira comienza en otro punto de Linares. En la calle Orquídea, junto a la estación de Almería, donde creció antes de marcharse a Madrid para estudiar el doble grado de Derecho y Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Autónoma. Seis años de carrera que terminaron por abrirle un camino profesional que entonces todavía estaba por definir.

Detrás de esa disciplina hay una educación marcada por el esfuerzo y la humildad. Inmaculada habla de sus padres, Alberto Carrión, empresario y natural de Ciudad Real, e Inmaculada Mira, funcionaria de Justicia y linarense, como dos de las personas que más han influido en su manera de entender la vida. De ellos y también de sus abuelos ha recibido unos principios que considera fundamentales: el valor del trabajo, la constancia, la responsabilidad y la importancia de hacer las cosas bien.

Esos valores también los vincula a los años que pasó en La Presentación, el centro en el que se formó antes de marcharse a Madrid. Más allá de los conocimientos académicos, recuerda aquella etapa como un tiempo en el que aprendió fundamentos que después le han acompañado durante la universidad y, sobre todo, los años de oposición. Una educación que, en su caso, no se quedó en las aulas y que terminó convirtiéndose en una forma de afrontar los retos.

Con esa base llegó a una decisión que acabaría marcando su futuro profesional: preparar la convocatoria al Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda. Inmaculada se puso un límite desde el principio: cuatro años de dedicación absoluta. Si al llegar a ese momento no lo había conseguido, lo dejaría. No necesitó tanto tiempo.

En su primera convocatoria aprobó los cuatro primeros ejercicios. El siguiente se le resistió. Lejos de abandonar, volvió a prepararlo y terminó consiguiendo una plaza entre los nuevos inspectores de Hacienda.

Su rutina tenía un escenario claro: la biblioteca del Campus Científico Tecnológico. Las mañanas comenzaban a las ocho y se prolongaban hasta las dos. Después de comer, tocaba continuar con los libros. Allí fue coincidiendo con otros opositores hasta formar un pequeño grupo en el que compartían horas de estudio, dudas y descansos.

Por eso Inmaculada quiere desmontar uno de los tópicos asociados a quienes preparan una oposición. «Uno de los mitos que quiero desmentir es el de la soledad del opositor», asegura.

Inmaculada Carrión Mira, en la Plaza Colón.

Ella no la sintió. Su familia estuvo presente. También su pareja, Carlos Cámara, teniente del Ejército del Aire y del Espacio, familiarizado con una vida marcada por la disciplina y la espera. La oposición exigía tiempo y sacrificios, pero no significó desaparecer de la vida de quienes la rodeaban.

Tampoco escogió Hacienda únicamente por las condiciones laborales. Hay una manera de entender la función pública detrás de su decisión. Habla de vocación de servicio y de la posibilidad de ayudar algún día a otros opositores. Y defiende abiertamente el trabajo de los inspectores en la lucha contra el fraude fiscal.

Cuando habla de quienes deciden trasladar su residencia fiscal fuera de España, no oculta su malestar. Su argumento parte de una idea muy concreta: el dinero que no se recauda deja de contribuir a financiar servicios públicos como la sanidad o la educación.

Ahora le toca comenzar otra etapa. Primero, un año de formación en Madrid. Después llegará el destino definitivo. Todavía no sabe qué especialidad terminará escogiendo. Durante un tiempo le interesó Aduanas, aunque ahora prefiere esperar y dejar que el propio curso le ayude a descubrir dónde quiere desarrollar su carrera.

Fuera de la oposición hay una Inmaculada que también habla de las preocupaciones de su generación. La vivienda es una de ellas. También la salud de los suyos. Le gusta la música indie, sale de fiesta cuando puede y reivindica, entre risas, que los jóvenes leen más de lo que a veces se cuenta en las redes sociales.

Su trayectoria profesional la llevará ahora lejos de Linares, pero la ciudad seguirá formando parte de su historia. Allí creció, allí encontró el respaldo de los suyos durante los años más exigentes y allí construyó buena parte de los valores con los que afronta ahora una nueva etapa.

La oposición le ha dado una plaza. Pero mucho antes de que llegaran los exámenes, los códigos y los temas, Inmaculada ya tenía aprendida una lección que hoy sigue llevando consigo: que el esfuerzo, la constancia y el trabajo bien hecho no garantizan el camino más fácil, pero sí ayudan a recorrerlo.

Linares como origen

Victoria e Inmaculada han recorrido caminos diferentes. Una tuvo que superar el golpe de quedarse a un solo examen de la plaza. La otra se puso una fecha límite y consiguió el objetivo antes de alcanzarla. Una comenzará en Lleida. La otra encara su formación en Madrid. Una encontró en el deporte una vía de escape durante las horas de estudio. La otra convirtió la biblioteca del campus de la UJA en uno de sus escenarios habituales.

Pero hay cosas que permanecen. Las dos nacieron en Linares. Las dos regresaron a la ciudad para preparar la oposición. Las dos encontraron aquí una red de afectos que fue mucho más importante de lo que quizá pudieron imaginar al comenzar. Y las dos han terminado llegando al mismo cuerpo de la Administración cuando todavía tienen 26 y 27 años.

Hay otra coincidencia que no aparece en sus expedientes: se conocen y son amigas. Quizá por eso sus historias tienen algo diferente cuando se cuentan juntas. No son dos carreras paralelas que casualmente han terminado en el mismo lugar. Son dos jóvenes que han vivido años de esfuerzo intenso mientras alrededor seguía pasando la vida. Dos amigas que saben perfectamente lo que significa preparar un examen oral, quedarse a las puertas, madrugar para estudiar, cancelar un plan o necesitar simplemente que alguien esté ahí.

Ahora sus caminos se separan físicamente. Victoria se marcha a Lleida. Inmaculada comienza su formación en Madrid. La Administración marcará sus próximos destinos, sus responsabilidades y las decisiones profesionales que irán tomando con el tiempo.

Pero hay una pregunta que probablemente no necesitarán pensar demasiado cuando alguien les pregunte de dónde son. Victoria lo explica con naturalidad. Su acento suele delatarla y, cuando alguien le pregunta por su procedencia, lo convierte en una oportunidad para hablar de la ciudad. «Yo lo utilizo como excusa para poder explicar más de esta ciudad», dice.

Inmaculada también lleva Linares consigo. Porque una ciudad no solo aparece en el lugar donde uno nace. También está en las personas que te acompañan, en las aulas donde empiezas a formarte, en la familia que sostiene los días difíciles, en los amigos que esperan cuando termina el estudio y en la certeza de saber de dónde vienes cuando la vida te lleva lejos.

Linares tiene desde ahora dos nuevas inspectoras de Hacienda. Dos jóvenes que han conseguido una plaza que exige años de preparación y una fortaleza que no figura en ningún programa de estudios.

Fotos: Javier Esturillo y cedidas

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