Análisis | La política municipal de Linares se queda sin espectadores

Las sesiones ordinarias del Ayuntamiento apenas reúnen a una pequeña parte de la población en el salón de plenos o a través de las retransmisiones digitales por YouTube

Por:Javier Esturillo
Retransmisión del pleno del pasado mes de abril. Foto: Javier Esturillo

El desinterés por la política municipal en Linares se ha convertido en una realidad estructural difícil de rebatir. A pesar de que los plenos del Ayuntamiento representan la máxima expresión de la representación política de la ciudadanía a través de sus representantes electos de la Corporación —PP, PSOE, Vox e Izquierda Unida—, las sesiones se celebran, mes tras mes, con una presencia muy reducida, tanto en las bancadas de público del salón de plenos de la Estación de Madrid como en la pantalla de los dispositivos móviles.

Ni el directo ni el diferido logran captar la atención de un municipio de más de 57.000 habitantes que parece haber desconectado de los debates que deciden buena parte de su día a día. Dicho de otro modo, de cada 100 linarenses, menos de dos ven un pleno completo.

La plataforma de vídeo y red social YouTube sirve desde hace años como la ventana pública donde el Ayuntamiento emite en directo y archiva sus sesiones para facilitar el acceso de la ciudadanía a la actividad municipal. Sin ir más lejos, el de este jueves solo tiene 402 visualizaciones.

No despiertan interés

Cualquier vecino puede seguir el pleno desde su casa, consultarlo después o recuperar una intervención concreta. Sin embargo, un análisis de la audiencia registrada durante el actual mandato demuestra que las cifras de visualizaciones son muy reducidas. Lejos de ser un foro de debate seguido de forma mayoritaria por la comunidad, los plenos se han convertido en un contenido para una audiencia muy limitada.

Durante todo este periodo, el pleno ordinario que ha despertado una mayor atención digital fue el celebrado el 16 de octubre de 2025, que alcanzó las 1.300 visualizaciones. Le siguen el del 15 de febrero de 2024, con 1.181 reproducciones, y el del 21 de marzo de ese mismo año, con 1.047. Son las únicas tres ocasiones en las que se ha superado la barrera de las mil visitas.

En el extremo opuesto se sitúa el pleno ordinario del 18 de diciembre de 2025, que registró apenas 319 visualizaciones. El celebrado el pasado 16 de julio alcanzó las 402. La mayoría de las sesiones ordinarias se mueve en una horquilla contenida, generalmente entre las 400 y las 900 reproducciones. Entre los registros más recientes figuran las 511 visualizaciones del 18 de junio, las 472 del 19 de marzo, las 836 del 19 de febrero y las 870 del 21 de mayo.

Los datos muestran, en cualquier caso, una audiencia muy reducida para la segunda ciudad con más habitantes de la provincia, tras la capital. Incluso la sesión ordinaria con mayor seguimiento apenas alcanzó a una pequeña parte de la población. El pleno municipal, el lugar donde se debaten las decisiones que afectan directamente a la ciudad, sigue siendo un contenido minoritario.

Los extraordinarios pasan de largo

Si las sesiones ordinarias, donde se debaten las mociones de los grupos, los ruegos y las preguntas de control al Gobierno local, concitan un interés limitado, la audiencia se reduce todavía más cuando se trata de plenos extraordinarios.

Salvo que afecten de forma muy directa a un colectivo concreto que se movilice para la ocasión, estas convocatorias pasan en buena medida desapercibidas. El ejemplo más reciente se vivió en el pleno extraordinario celebrado con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBI, que apenas registró 138 visualizaciones. Pocos días antes, el extraordinario del 25 de junio alcanzó únicamente 165 reproducciones.

La diferencia respecto a las sesiones ordinarias resulta evidente. La ciudadanía parece acercarse a la política municipal, sobre todo, cuando un asunto afecta directamente a sus intereses, a su actividad o a su colectivo. Fuera de esas circunstancias, el seguimiento se reduce de manera considerable.

Una foto que no es nueva

Este divorcio entre los linarenses y su gestión pública no es un fenómeno nuevo ni puede atribuirse exclusivamente a la actual composición de la Corporación municipal.

Si se echa la vista atrás a las sesiones de 2022, 2021 o incluso a los años previos a la pandemia, el patrón se repite con una regularidad llamativa. El desapego ciudadano no entiende de siglas ni de momentos políticos concretos. Se mantiene con independencia de quién gobierne y de cómo esté configurado el salón de plenos.

La escasa asistencia física a las sesiones refleja una situación similar. El salón suele registrar una presencia limitada de público y solo alcanza una mayor afluencia cuando algún conflicto laboral, vecinal o sectorial empuja a los afectados a acudir para defender sus intereses.

Es entonces cuando las bancadas destinadas al público adquieren protagonismo. Cuando el asunto deja de ser una cuestión abstracta y afecta directamente a la vida de un grupo de personas.

Una institución abierta, pero con pocos espectadores

La política local en Linares parece discurrir por un carril paralelo al de la vida cotidiana de buena parte de sus vecinos. Mientras los concejales debaten durante horas sobre el rumbo del municipio, la mayoría de la población no sigue de forma habitual esas sesiones.

No es un problema de acceso. Los plenos se retransmiten en directo a través de YouTube y quedan archivados en el canal municipal para su consulta posterior. La tecnología ha eliminado las barreras físicas. Ya no es necesario acudir al Ayuntamiento para conocer qué se debate ni esperar al día siguiente para informarse de una decisión.

Pero la posibilidad de acceder a la información no garantiza que exista interés por ella. Los datos de audiencia dibujan una brecha entre la institución municipal y la ciudadanía. Una distancia que no parece responder a un mandato concreto ni a una formación política determinada y que tampoco se ha cerrado con la retransmisión digital de las sesiones.

El pleno municipal es el espacio donde PP, PSOE, Vox e Izquierda Unida representan las distintas sensibilidades políticas de la ciudad. Es el lugar donde se confrontan proyectos, se fiscaliza al Gobierno local y se toman decisiones que afectan a los linarenses. Pese a ello, los números reflejan que a la audiencia le interesa más bien poco lo que hablan sus políticos.

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