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Redacción

Editorial | La política tóxica contamina a Linares

La crispación provoca desconfianza en las instituciones y aparca la solución de los problemas. La ciudad necesita ahora más que nunca diálogo y pactos

La incertidumbre política que envuelve la vida pública en Linares está haciendo perder de vista que los instrumentos para superarla siguen estando a disposición de los partidos y los ciudadanos. Los repetidos intentos de desacreditar el Ayuntamiento de Linares durante los tres últimos años no han conseguido más que rendirle un fervoroso homenaje al ¡Y tú más!.

Lo vivido en el salón de plenos de la Estación de Madrid este miércoles ha demostrado el bajísimo nivel político de una Corporación Municipal que nació viciada desde el principio con un pacto de conveniencia para desbancar al PSOE del poder después de 20 años. Un pacto legítimo que, sin embargo, no ha cumplido las expectativas por muchos motivos, como la fractura con Cilu, la dramática pandemia y un Gobierno en minoría maniatado incapaz de alcanzar acuerdos con la oposición.

Esta tampoco ha ayudado a estabilizar la situación. Más bien todo lo contrario. Ha colocado demasiadas piedras en el camino que han terminado por bloquear cualquier atisbo de esperanza de lograr un frente de unidad con la Administración de Caro-Accino para sacar a la ciudad del profundo pozo en el que se encuentra.

Los 25 concejales, en mayor o menor medida, tienen la culpa de la política tóxica que contamina a Linares hasta provocar la polarización de la sociedad local, olvidando por completo sus obligaciones como servidores públicos.

Pero también es suya la responsabilidad de enmendar la plana. De tener la suficiente altura de miras para sentarse a hablar y recuperar la vía del diálogo. La frivolidad en política es renunciar a hacerte cargo del todo y regirse por ese qué hay de lo mío que hace tiempo que campa a sus anchas entre divisiones internas, intereses espurios y la extraña actitud suicida de determinados partidos.

Operan de formas distintas, pero aspiran al mismo fin: desestabilizador. El equipo de Gobierno sobreactúa de manera alarmista para prevenir la voracidad de la oposición, mientras el unilateralismo de PSOE, Cilu e IU promueve día sí día también su propio discurso negacionista de las posibilidades de esa mesa de diálogo con idénticos fines propagandísticos.

Urge acabar con la desmesura en el lenguaje y regresar a la ética política para salir del fango. Pactos de ciudad que permitan establecer un clima de distención que favorezca la materialización de proyectos de progreso para el municipio.

La sensación cada vez más generalizada es que en el actual mandato han hecho implosión las deficiencias del sistema. Una sensación inducida a partes iguales por unos ambientes de opinión interesados y por una banalización sin precedentes de la política como grado más alto de la reflexión intelectual. En este escenario no ayuda el comportamiento de los concejales que están, pero tampoco los que se marcharon por decisión propia.

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