Redacción

Editorial | Linares exige dignidad para su deporte

La política de parches y la ausencia de mantenimiento dejan al descubierto el colapso que sufren las instalaciones deportivas municipales

No es un problema de falta de presupuesto, sino de una desidia crónica que ha terminado por asfixiar el patrimonio deportivo de Linares. Las imágenes de gradas degradadas, muros desconchados por la humedad y obras que parecen eternizarse son el síntoma inequívoco de un modelo de gestión agotado. Mientras el discurso oficial se llena de grandes palabras, el mantenimiento básico brilla por su ausencia, dejando al descubierto un colapso estructural que ya es imposible de camuflar. La ciudad asiste al naufragio de sus espacios, víctimas de una política que prefirió la improvisación al compromiso real.

La reciente clausura del Pabellón Julián Jiménez, tras el desprendimiento de parte de la cubierta por las lluvias, pone de manifiesto la incapacidad municipal para atender las necesidades más básicas de sus atletas. La situación de las infraestructuras públicas ha cruzado la línea roja del simple deterioro para entrar de lleno en la categoría de emergencia. La solución ya no pasa por el operario de guardia con un bote de pintura o un parche de cemento; Linares necesita, con carácter de urgencia, un plan de choque ambicioso, dotado con una partida presupuestaria real que permita acometer reformas estructurales de calado.

No hablamos de estética, sino de dignidad y seguridad. Es imperativo que se audite el estado de cada recinto y se ejecute una inversión plurianual que blinde el mantenimiento preventivo, evitando que el dinero público se siga malgastando en reparaciones cosméticas de escasa duración. El actual equipo de Gobierno del Partido Popular vive instalado en la promesa y en el mosaico de fotos de pequeñas intervenciones o colocación de letreros, pero sin atajar el problema de raíz.

El panorama para los deportistas locales es desolador: la pista de atletismo, los pabellones Julián Jiménez y Andalucía, los restos del Estadio de Linarejos, la piscina cubierta o las pistas del Mariano de la Paz y el polideportivo San José dibujan una realidad de abandono. A falta de poco más de un año para que acabe el mandato, la situación lejos de mejorar ha empeorado. En el haber del Gobierno municipal figura la remodelación de las pistas de squash, los nuevos recursos para el Centro Especializado de Tecnificación de Tenis de Mesa y el arreglo del pabellón del Huarte de San Juan, pero son logros insuficientes ante la magnitud del desastre general.

La oposición ha elevado el tono. Desde el PSOE se critica la ausencia de un plan real de mantenimiento y se alerta del riesgo para la integridad física de usuarios y espectadores, lamentando además el olvido que sufren los barrios. Por su parte, Vox califica de inadmisible que las instalaciones se caigan a trozos mientras se priorizan, a su juicio, gastos superfluos, exigiendo que la inversión se dirija a la seguridad ciudadana. Izquierda Unida también se ha lamentado de la radiografía que dibujan las instalaciones.

Más allá de las siglas y las disputas de pleno, el deporte de Linares aguarda una respuesta que no llegue en forma de titular, sino de hormigón, parqué nuevo y techos que no lloren cada vez que el cielo se cierra sobre la ciudad. El actual equipo de Gobierno no puede seguir escudándose en la herencia recibida ni en parches de escasa utilidad. El deporte de Linares ya no necesita más promesas; necesita realidades.