El calor cae a plomo sobre el patio de San Diego del cementerio municipal de Linares. El termómetro supera los 40 grados y apenas corre aire bajo la gran carpa blanca que protege la excavación. Aun así, nadie aparta la vista de la tierra. Cada capa retirada puede contener una respuesta esperada durante más de ocho décadas.
Una mujer observa los trabajos desde un lateral. Ha pedido mantener el anonimato. A su lado está su marido. Ambos siguen con atención cada explicación de los arqueólogos, cada movimiento de las herramientas, cada detalle que ayude a reconstruir una historia familiar interrumpida por la violencia de la posguerra. Entre los cerca de 60 represaliados que se cree que permanecen enterrados en este lugar podría encontrarse uno de sus antepasados. No busca revancha. Busca descanso. Busca verdad. Busca justicia.
Fase inicial
La exhumación de la conocida como fosa 25 ya está en marcha. Se trata de una intervención promovida por la Diputación Provincial de Jaén y financiada con 100.000 euros procedentes del Gobierno de España. El objetivo es localizar, exhumar e identificar, en la medida de lo posible, a las víctimas de la represión franquista enterradas en este espacio del cementerio linarense.
Sin embargo, la tarea está lejos de ser sencilla. A primera vista, el sondeo abierto en el terreno muestra una compleja estructura de muros de ladrillo y grandes fosas rectangulares excavadas en la tierra. Los arqueólogos trabajan entre niveles de enterramiento superpuestos, tomando medidas, registrando cada hallazgo y documentando minuciosamente un espacio que ha cambiado varias veces de configuración a lo largo de los años.
«Estamos en una fase inicial en la que estamos viendo cómo se comporta el patio, cómo se realizan las inhumaciones y si podemos localizar esa fosa 25 en el sondeo», explica Félix Bizarro, arqueólogo y director del proyecto.



Equipo
El equipo está formado por seis especialistas sobre el terreno y un historiador que trabaja paralelamente en los archivos. La información documental resulta tan importante como la que emerge de la excavación.
La complejidad del lugar obliga a avanzar con cautela. El patio de San Diego alberga 52 fosas comunes. Según las investigaciones realizadas hasta ahora, únicamente dos estarían relacionadas con víctimas de la Guerra Civil y la represión franquista. El resto corresponden a las denominadas fosas de caridad, donde fueron enterradas personas sin recursos o excluidas de los enterramientos convencionales por distintos motivos.
Las dudas sobre la ubicación exacta de la fosa 25 vienen de lejos. En 2007 se realizó un estudio con georradar que detectó diversas anomalías en el subsuelo. Los testimonios orales apuntaban a que la fosa podía encontrarse bajo el monumento levantado en memoria de las víctimas. Sin embargo, cuando se ejecutaron obras en ese punto aparecieron estructuras de ladrillo similares a las que ahora han surgido en el sondeo abierto al sur del monumento.
«Lo que estamos haciendo es combinar la información arqueológica, antropológica y documental para entender cómo estaba organizado este patio y poder ubicar la fosa 25 en el espacio, porque no existe documentación que indique exactamente dónde se encuentra», señala Bizarro, que capitanea la intervención junto con Adriana Martín, arqueóloga y antropóloga forense.


Labor paciente
Las imágenes de los primeros días de trabajo reflejan esa labor paciente. En una de ellas, los arqueólogos toman medidas sobre los muros con escalas topográficas rojiblancas. En otra, clasifican y registran pequeños hallazgos sentados junto al borde de la excavación mientras el sol castiga sin tregua. Todo queda anotado, fotografiado y georreferenciado. En arqueología forense no existen los detalles menores.
Las cifras manejadas hasta ahora hablan de 64 personas enterradas en la fosa 25 y otras tres en la fosa 27. No obstante, el equipo no descarta que el número pueda variar. «Nunca se ha hecho un estudio en profundidad de estas cifras y es posible que aumenten», apunta el director de la intervención.
Víctimas de la represión franquista
La investigación documental permite además situar temporalmente a las víctimas. La mayoría corresponden a los años inmediatamente posteriores al final de la Guerra Civil. Los registros apuntan a ejecuciones realizadas entre 1939 y 1941, una etapa en la que la maquinaria represiva del nuevo régimen funcionaba a pleno rendimiento.
«Todos ellos tuvieron un juicio sumarísimo que realmente era una farsa porque no existía una defensa efectiva para los encausados. Fueron condenados a muerte, fusilados en la tapia sur del cementerio y posteriormente enterrados en este lugar», explica Bizarro.
La excavación busca ahora confirmar sobre el terreno lo que durante años han señalado los documentos y los testimonios. Detrás de cada nombre hay una historia interrumpida. Jornaleros, trabajadores, vecinos corrientes que desaparecieron tras ser sometidos a procedimientos judiciales sin garantías.
Familias enteras crecieron sin saber exactamente dónde estaban sus padres, hermanos o abuelos. Otras conservaron durante décadas un relato transmitido en voz baja, casi en secreto, esperando el momento en que pudiera ser escuchado públicamente. Ese momento parece haber llegado.

Reivindicación
Los trabajos de campo se prolongarán durante aproximadamente dos meses y medio. Después comenzará una fase de estudio antropológico y elaboración de informes que se extenderá hasta finales de año. Si aparecen restos compatibles con las víctimas buscadas, el proceso de identificación continuará durante meses.
La experiencia acumulada por el equipo resulta un aval importante. Bizarro y varios de sus compañeros han participado en intervenciones de memoria histórica en el cementerio de Zufre, en Huelva; en Bodonal de la Sierra, en Badajoz; en distintas fosas de Extremadura; en el cementerio de Córdoba y en el Barranco de Víznar, uno de los escenarios más emblemáticos de la represión franquista en Andalucía.
Mientras tanto, en Linares, la tierra sigue guardando silencio. El proyecto no habría llegado hasta aquí sin años de reivindicación y trabajo previo. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén ha desempeñado un papel fundamental en la reclamación de estas actuaciones, acompañando a familiares e impulsando las gestiones necesarias para que la fosa 25 se convirtiera finalmente en objeto de intervención.

Su presidente, Miguel Ángel Valdivia, ha destacado en numerosas ocasiones la importancia de atender una demanda histórica de las familias y de seguir avanzando en la recuperación de la memoria democrática.
Los arqueólogos avanzan centímetro a centímetro entre muros, estratos y enterramientos. Cada jornada termina cubierta de polvo y agotamiento. Cada amanecer vuelve a comenzar la misma rutina bajo un calor sofocante. Nadie puede asegurar todavía qué aparecerá bajo la siguiente capa de tierra. Pero para las familias que esperan al otro lado de la excavación, la búsqueda ya representa una victoria.
Porque no se trata únicamente de recuperar restos humanos. Se trata de recuperar nombres. De devolver historias. De ofrecer una sepultura digna a quienes fueron enterrados en el anonimato. De transformar una ausencia heredada durante generaciones en una certeza.
Bajo el suelo del cementerio de Linares no solo se busca una fosa. También se busca cerrar una herida que el tiempo nunca consiguió borrar.
Fotos: Javier Esturillo
Muy buen articulo como «casi» siempre Felicidades, ya era hora, se llevaba varios años esperando a su ejecución, ahora volverán a estar en un lugar digno y con la familia