Linares es el lugar de residencia de muchos venezolanos que han llegado a Andalucía buscando una vida mejor. Estas últimas horas están siendo durísimas para ellos. Siguen con profunda preocupación la evolución de la emergencia provocada por los fuertes terremotos registrados en su país la pasada madrugada.
Los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 han causado al menos al menos 188 muertos y más de 1.500 heridos, daños materiales y problemas de comunicación en varias zonas del país, lo que ha dificultado el contacto con familiares y amigos desde el exterior.
La incertidumbre continúa marcando las horas posteriores a los seísmos. Mientras los equipos de emergencia trabajan entre los escombros y continúan las réplicas, cientos de venezolanos residentes en España siguen pendientes de las noticias que llegan desde su país.
En Linares, la preocupación se ha instalado entre los miembros de la comunidad venezolana. Nadine Méndez, presidenta de la Asociación Venezolana de Solidaridad e Integración Social (Avensis), describe un sentimiento compartido de angustia y desconsuelo tras conocer la magnitud de la tragedia.
«Todavía hay mucha incertidumbre. Siguen registrándose réplicas y continúan sacando personas de las zonas afectadas. Sabemos que han llegado equipos de ayuda internacional para colaborar en las labores de rescate, pero la situación sigue siendo muy complicada», explica.
La dirigente y activista reconoce que las primeras horas fueron especialmente duras para quienes tienen familiares en las zonas más afectadas, especialmente en Caracas.
«Estamos desconsolados, con el corazón partido. Yo pasé toda la noche sin dormir porque no sabía nada de mi madre, de mis hermanos ni de mis bisnietos. Están en Caracas, donde el impacto fue muy fuerte. No pude comunicarme con ellos hasta la madrugada y fueron horas de muchísima angustia», relata.
Cuando finalmente consiguió hablar con sus familiares, supo que se encontraban a salvo, aunque habían pasado la noche fuera de sus viviendas por miedo a nuevos movimientos sísmicos.
«La casa se movía, las cosas se caían y decidieron salir. Sacaron colchones y durmieron en la calle. Como ellos, muchísimas personas pasaron la noche al aire libre por temor a que se produjeran nuevas réplicas», señala.
Durante toda la jornada, Méndez ha recibido llamadas de compatriotas residentes en Linares preocupados por la situación de sus seres queridos.
«Desde primera hora de la mañana no he dejado de recibir llamadas. Afortunadamente, la mayoría de las personas que se han puesto en contacto conmigo han conseguido localizar a sus familiares y están fuera de peligro», afirma.
Más allá de los daños materiales, la presidenta de Avensis subraya el impacto emocional que el terremoto ha provocado entre los venezolanos de la diáspora, que observan la tragedia desde la distancia.
«Es muy doloroso. Nuestro pueblo lleva muchos años atravesando dificultades y, cuando parecía que había cierta esperanza y que la gente empezaba a mirar hacia el futuro, ocurre una tragedia como esta. Nadie esperaba algo así», lamenta.
La preocupación por quienes permanecen en Venezuela se mezcla con la impotencia de no poder ayudar de forma directa. «Estamos desgarrados. Sentimos un profundo dolor por nuestros familiares, por nuestros amigos y por toda la gente que está sufriendo. Anoche no dejé de llorar y de pedirle a Dios que mi madre, mis hermanos y mis nietas estuvieran bien. Fueron horas muy difíciles hasta que por fin pude saber que estaban a salvo», concluye.
Mientras continúan las tareas de rescate y evaluación de daños, la comunidad venezolana de Linares permanece pendiente de cada actualización llegada desde su país de origen, con la esperanza de que el balance definitivo no siga aumentando.