La Plaza del Ayuntamiento de Linares por un momento parecía de otro tiempo. Dentro del Palacio Municipal, entre túnicas, estandartes y el rumor solemne de una ciudad entregada a su pasado, la alcaldesa, Auxi del Olmo depositó simbólicamente el bastón de mando en manos de Himilce, la princesa íbera nacida en la antigua Cástulo y convertida, dos mil años después, en el gran emblema emocional de estas fiestas históricas.
No fue un gesto meramente ceremonial. Fue, sobre todo, una declaración de identidad. Durante unos minutos, el poder institucional cedió espacio a la memoria. La ciudad contemporánea reconoció a la mujer que la tradición sitúa junto a Aníbal en uno de los episodios más decisivos del Mediterráneo antiguo: la alianza entre Cartago y Cástulo durante la Segunda Guerra Púnica.
Con ese acto simbólico arrancaron las XIII Fiestas Íbero Romanas de Cástulo, que desde este miércoles y hasta el próximo 17 de mayo volverán a transformar Linares en un gran escenario histórico donde conviven recreación, arqueología, pedagogía y espectáculo.
Ceremonia
La ceremonia reunió a algunos de los personajes principales de esta edición, además del concejal de Turismo, Enrique Mendoza, y otros representantes municipales. Afuera, en la plaza, comenzaban ya las primeras actividades de recreación mientras el centro urbano se preparaba para cuatro días en los que el presente parece diluirse entre legiones romanas, guerreros íberos y mercenarios cartagineses.
Porque las fiestas de Cástulo han dejado hace tiempo de ser una simple programación cultural. Se han convertido en un fenómeno de reconstrucción colectiva. Una ciudad minera acostumbrada durante décadas a mirar únicamente hacia su pasado industrial ha encontrado también en la antigüedad un relato de pertenencia y orgullo.




El corazón de esa historia late en Conjunto Arqueológico de Cástulo, uno de los yacimientos más relevantes del sur peninsular. Allí permanecen las huellas de la que fue capital de la Oretania, una poderosa ciudad íbera que llegó a acuñar moneda propia y que controló buena parte de las rutas comerciales y mineras de la zona. Mucho antes de que Roma dominara Hispania, Cástulo ya era un enclave estratégico.
La guerra entre Roma y Cartago alteró para siempre su destino. La alianza sellada mediante el matrimonio entre Aníbal e Himilce garantizó a los cartagineses el acceso a las riquezas mineras del territorio. Sin embargo, el avance romano terminó modificando el equilibrio de poder y la ciudad acabó apoyando a Roma, vencedora definitiva del conflicto.
Programación
Ese tránsito entre dos civilizaciones es precisamente el gran argumento narrativo de las fiestas que estos días ocupan calles y plazas de Linares. La programación combina desfiles militares, campamentos históricos, talleres, gastronomía, luchas de gladiadores, teatro clásico y visitas guiadas. Una reconstrucción coral donde participan asociaciones culturales, escolares, recreadores históricos y centenares de vecinos.
Entre las actividades más esperadas destacan el desfile infantil con centros educativos, el desfile general de tropas y legiones, el Gran Circus Maximus, la representación teatral de El Juramento de Escipión y el apagado del fuego sagrado, uno de los momentos de mayor carga simbólica del calendario festivo.
Este jueves, la plaza de toros acogerá desde la mañana la escuela de gladiadores destinada a escolares del municipio. Por la tarde, la plaza del Ayuntamiento volverá a convertirse en escenario de la contratación de mercenarios para Aníbal, mientras que el culto isiaco El camino de Nefertari evocará las conexiones espirituales y culturales del Mediterráneo antiguo. La jornada concluirá en el campamento instalado en la Estación de Madrid con la tradicional imposición de capas.


Unas fiestas cada vez más populares
El crecimiento de la celebración ha sido constante en los últimos años, tanto en participación como en rigor histórico. La organización subraya que las Fiestas Íbero Romanas de Cástulo fueron la primera recreación histórica andaluza en integrarse en la Asociación Española de Fiestas y Recreaciones Históricas, un reconocimiento que certifica la fidelidad de las escenificaciones y la dimensión alcanzada por el evento.
Pero quizá el verdadero éxito de estas jornadas resida en algo menos visible. En la capacidad de una ciudad para contarse a sí misma desde otro lugar. Para entender que bajo el asfalto contemporáneo permanece aún la sombra de una civilización antigua que continúa dando sentido al presente.
Anoche, mientras Himilce sostenía el bastón de mando entre aplausos y sonidos de tambores, Linares volvió a recordar que la historia no siempre pertenece al pasado. A veces, durante unos días, vuelve a caminar por las calles.
Fotos: Ayuntamiento de Linares