José Sánchez tiene 76 años y lleva 53 viviendo en el mismo sitio. Ahí, en Las Fuentezuelas, se hizo su casa. Al lado, la de sus padres. Un poco más allá, la de su hermana. Y más allá todavía, la de su hermano. Un barrio entero levantado a pulso, familia a familia. Ahora José puede caminar por delante de su casa sin hundir los pies en la tierra. «Se ha cambiado un cien por cien», dice. Y no exagera.
Para comprobarlo basta con echar la vista atrás. Hace unos años, Las Fuentezuelas era poco más que un camino de tierra suelta, sin una sola acera, con una iluminación escasa y un muro bajo de piedra que apenas contenía la ladera. Hoy hay una calle pavimentada, aceras, farolas de fundición cada pocos metros y un muro recrecido. También bancos, zona de recreo y árboles que todavía son pequeños, pero que dentro de unos años darán sombra.
La transformación se entiende mejor cuando la cuenta alguien que la ha vivido. Johana Sánchez, hija de José, se crio allí. En la actualidad vive en la parte baja del pueblo, aunque sube cada día a ver a sus progenitores. Recuerda perfectamente cómo era llegar a la escuela o salir con las amigas.
«No había acera. Tenía que ir sorteando el cerro de tierra todo el rato, con el peligro de los coches», cuenta. Y después estaba la vuelta a casa. Una sola farola iluminaba una parte de la calle, el resto quedaba prácticamente a oscuras. «Cuando era adolescente y volvía de salir, mi padre tenía que bajar a buscarme porque me daba miedo subir sola», relata a este periódico.


Aquello ya forma parte del pasado. Ahora hay una farola cada pocos metros, una acera por la que caminar sin estar pendiente de los desniveles, bancos donde sentarse y un mirador desde el que detenerse a contemplar el paisaje. Puede parecer poca cosa desde fuera. Para quien vive allí, no lo es.
En Las Fuentezuelas, como explica Johana, buena parte de los vecinos son personas mayores. Los jóvenes prefieren el centro. Los que permanecen arriba son quienes llevan décadas haciendo su vida en este rincón de Vilches, y para ellos una acera no es simplemente una acera. Es poder salir de casa con más tranquilidad.
José lo resume sin darle demasiadas vueltas: ahí, dice, el dinero público está bien empleado. Y remata, con ese punto de retranca que dan los años, que en otros sitios no puede decir lo mismo.
La actuación ha supuesto una inversión de más de 168.000 euros a través del Plan Provincial de Cooperación a las Obras y Servicios de la Diputación de Jaén. Los trabajos han permitido recrecer el muro, construir el acerado, mejorar la iluminación, plantar arbolado y habilitar un mirador. Pero cuando José habla de la obra no habla de presupuestos ni de metros cuadrados. Habla de lo que puede hacer ahora delante de su casa.




Una piscina que también cuenta la historia del pueblo
A unos minutos de allí, otro lugar de Vilches cuenta una historia parecida, aunque de una manera completamente distinta.
Juan Francisco Martínez Trujillo trabaja en Úbeda de lunes a viernes. Pero cuando llega el verano tiene una cita a la que no falta ni de broma: la piscina municipal. Lleva treinta años vinculado a ella. Llegó con apenas 17 años como socorrista, y aún sigue allí, como bañista fiel que no se salta un día si puede evitarlo.
«Esto es totalmente diferente», dice, y lo sabe bien. Cuando empezó, el bar estaba prácticamente pegado al vaso pequeño, el trampolín de tres alturas todavía formaba parte de la piscina y la profundidad máxima alcanzaba los tres metros.
Con el paso del tiempo llegaron las reformas, unas por seguridad y otras para adaptar las instalaciones a quienes las utilizan: se renovó el revestimiento del vaso, se cambiaron los alicatados y desapareció el trampolín. La profundidad máxima se redujo a dos metros. Hace apenas dos años se sustituyó la escalera, y se instaló una barandilla para las personas mayores y una silla adaptada para quienes tienen movilidad reducida. De igual modo, se renovaron por completo los vestuarios y los accesos, así como se colocó césped en todo el anillo.

La instalación municipal ha cambiado, pero lo que representa para Vilches sigue siendo reconocible. Durante los días fuertes del verano pueden pasar por allí unas centenares personas. La entrada de adulto cuesta tres euros y el bono de diez baños, quince, un precio que ayuda a que la instalación siga siendo accesible para muchas familias y explica parte de su éxito frente a otras de la comarca.
Aunque el verdadero valor de la piscina no está solo en el agua. Vilches conoce bien la emigración: durante décadas fueron muchos los vecinos que hicieron las maletas rumbo a Alemania, Francia o la Comunidad Valenciana en busca de trabajo, y cada verano muchos regresan.
Hay un lugar donde terminan encontrándose, y es la piscina. «Vienes aquí y te encuentras con gente que llevas sin ver meses», detalla Juan Francisco. Durante unas semanas del verano, aquello deja de ser únicamente una instalación deportiva y se convierte en una especie de plaza, un sitio para reencontrarse y comprobar cómo han crecido los hijos de quienes se fueron.
Mucha parte de culpa de esta transformación está en los recursos puestos encima de la mesa por el Ayuntamiento y la Diputación, pero también en personas que se desviven por ofrecer un servicio de calidad a sus vecinos. Es el caso de Juan José Ruiz García, coordinador de Deportes, quien ha robado horas al reloj para que su municipio disponga de uno de los mejores complejos acuáticos al aire libre de la provincia.





Cuando una obra acaba formando parte de la vida
Una calle y una piscina tienen poco que ver sobre el papel. Pero en ambos casos, una inversión pública termina teniendo consecuencias que no aparecen en ninguna memoria de obra. No se miden en metros de acera, en número de farolas ni en metros cuadrados reformados.
Se miden en cosas más sencillas: en una niña que puede bajar al colegio sin caminar por la tierra junto a los coches, en una adolescente que ya no necesita que su padre baje a buscarla porque la calle está a oscuras, en una persona mayor que puede salir de casa y sentarse en un banco, en alguien con movilidad reducida que puede usar una piscina adaptada, en un vecino que vuelve de Alemania después de meses y sabe dónde encontrará a sus amigos.
Ese es el lado menos visible de las obras públicas, el que rara vez aparece en las cifras pero el que acaba quedándose en la vida de la gente. Las Fuentezuelas es un ejemplo. La piscina municipal, otro. Detrás de ambos hay años de inversión y mantenimiento de los servicios que usan los vecinos de Vilches. La Diputación de Jaén forma parte de esa historia, claro, pero la historia de verdad está en José, en Johana y en Juan Francisco. Está en una calle que durante años fue tierra y oscuridad y que hoy permite caminar, sentarse y mirar el paisaje. Y está en una piscina donde un antiguo socorrista de 17 años sigue reconociendo a los vecinos que entran por la puerta tres décadas después.

Un pueblo también se construye así
A pocos metros de su casa, José todavía conserva una de las cuevas tradicionales de Vilches, con su chimenea de leña y un pequeño patio lleno de macetas azules. No vive allí, la utiliza como refugio, ese lugar al que regresar de vez en cuando. Es una pequeña pieza de la historia de un pueblo que ha cambiado sin dejar de parecerse a sí mismo.
En Las Fuentezuelas ya no hay que bajar por la tierra. En la piscina, los mayores entran con más seguridad y las personas con movilidad reducida cuentan con medios que antes no existían. Son mejoras concretas, nada espectacular por separado. Pero juntas explican algo importante: el dinero público tiene sentido cuando termina convertido en una vida un poco más fácil para quien vive en un pueblo.
Vilches lo cuenta a su manera. En una acera. En una farola. En un banco. En una piscina. En un reencuentro. Y también en esos árboles pequeños que todavía no dan sombra, pero que algún día la darán. Quizá entonces José ya no esté allí para verlos crecer. Pero estarán sus nietos, y seguirán siendo parte de esa calle que su familia levantó, durante décadas, prácticamente con sus propias manos.
Fotos: Javier Esturillo
Contenido elaborado con la colaboración de la Diputación Provincial de Jaén