Pablo Reyes, también conocido como Pol Reyes, es un actor linarense de 31 años que lleva en las venas la influencia de distintos lugares y culturas. Formado en interpretación en La Bobina de Barcelona y posteriormente en la Central de Cine de Madrid, ha construido una trayectoria en constante crecimiento que abarca teatro, televisión y cine.
Su carrera combina la versatilidad de los proyectos audiovisuales con una profunda vinculación al escenario, disciplina que considera el origen y la esencia de su vocación artística. Actualmente se encuentra de gira con la obra El Proceso, dirigida por Alberto Sabina a partir de un texto de Paula Guida, compartiendo escenario con la propia autora, Lucas Tavarozzi y Antonio Reyes. Una experiencia que reafirma su compromiso con un teatro vivo, directo y profundamente conectado con el público.
En televisión ha participado en producciones como Élite, 4 Estrellas, Sueños de libertad, La Moderna o El marqués del sepe, mientras que sobre las tablas también ha formado parte de montajes como El Bulto o Malfario.
Representado por las agencias AMCA en España y BLU Talent en México, Reyes afronta cada proyecto como una oportunidad para seguir creciendo, descubrir nuevas facetas de sí mismo y conectar con el público desde la verdad y la emoción. Actualmente compagina su trabajo teatral con varios proyectos audiovisuales que verán la luz próximamente.
El próximo 12 de junio recibirá el aplauso de su ciudad en la Gala Juventud Premios Talento Joven, que se celebrará en el Auditorio del Pósito, compartiendo escenario y protagonismo con otros muchos linarenses que despuntan en distintos campos.

—¿Recuerda el momento en que decidió que quería dedicarte a la interpretación?
—Yo vivía en Dinamarca en ese momento, estaba haciendo un máster después de haber hecho dos carreras y aunque ya había cambiado mucho de dirección en la vida sentía que era el momento de volver a hacerlo. en la facultad de económicas (el máster era de negocios internacionales) se respiraba un ambiente que no resonaba conmigo y en un lugar profundo de mi sabía que no era mi sitio.
Tras una llamada con mi pareja del momento en la que hablamos largo y tendido sobre la vida, decidí dejar el máster, viajar por Europa un tiempo y mudarme a Barcelona a formarme como actor, de lo que jamás había hecho nada.
—Naciste en Linares y comenzaste tu formación en Barcelona. ¿Qué le aportó aquella etapa?
—Barcelona fue una gran revolución. Primero a nivel personal, en la que me replanteé todo lo que había pensado y vivido hasta el momento, y por supuesto profesional, ya que empecé a formarme en la escuela de teatro y descubrí la parte más artística de mi ser, aprendí a expresarme en otros términos y a relacionarme con personas a las que antes nunca se me hubiese ocurrido acercarme.
—Después llegó Madrid y la Central de Cine. ¿Qué cambió en su forma de entender la profesión?
—Madrid fue el paso de lo más artístico y visceral a lo más pragmático, allí aprendí que también hace falta monetizar tu arte con el objetivo de pagar facturas porque, nos guste o no, aquí aguanta el que económicamente se lo puede permitir.
—En una época dominada por las plataformas audiovisuales, sigue reivindicando el teatro.
—Y cada día más, entre otras muchísimas cosas veo temas como la IA, capaz de sustituir a los trabajadores más capaces pero el teatro, las artes escénicas en general, jamás las podrá sustituir una máquina. El contacto entre seres humanos es eterno y como artista no puedo darle la espalda, el teatro es la única herramienta para mirarlos a los ojos y sentirnos y para mi es la experiencia primaria en mi profesión.
—Ha dicho alguna vez que el teatro es la madre de la interpretación.
—Continuando con mi anterior respuesta considero que plantarte delante de un público y sin margen de error para llevar a cabo un espectáculo es lo que diferencia al profesional del amateur, las ideas de los hechos. El día que me lancé a mi primer escenario cuando, literalmente tenía un nudo en el estómago que no me dejaba respirar, me convertí en actor, me superé y hoy en día estoy preparado para cualquier reto por mayúsculo que sea.
—¿Qué le atrae de un personaje?
—Muchas cosas. Pero me quedo con la posibilidad de entender como es Pablo es la piel de otra persona diferente, un maltratador, un maltratado, un ladrón, un trabajador humilde… porque el personaje es ajeno a mi, pero cuando yo lo encarno es Pablo, yo, en alguna parte de mi universo, y eso es imposible vivirlo de otra manera. El hecho de conocer cómo piensan sujetos a los que, obviamente, no se les da nunca voz es un privilegio y como tal lo disfruto y aprovecho.

—¿Qué ha aprendido sobre si mismo a través de los personajes que ha encarnado?
—He aprendido y esto puede ser polémico, lo fácil que es llegar a situaciones extremas aunque seas una buena persona, a que las ideas nos llevan a hacer lo que hacemos y a que nadie está libre de peligro. No sólo los personajes que yo interpreto si no con los que interactúo y forman parte de la historia.
Para poder encarnar la historia no puedes juzgarla, debes entenderla y a partir de ahí trabajar para ser fiel a la misma, pues ahí es cuando entiendes a los personajes y te das cuenta de lo vulnerables que podemos llegar a ser, es un tema que da para mucho.
—La profesión de actor suele convivir con la incertidumbre. ¿Cómo la gestionas?
—No puedo vivir de otra manera, he entendido que la vida es cambiante y entiendo la necesidad de la sociedad de tenerlo todo seguro, pero a mi me gusta vivir con libertad y que cada semana sea totalmente diferente a la anterior. Me gusta ser dueño de mi futuro y que mis decisiones no se tomen desde el miedo, así que poniendo en una balanza, prefiero la inestabilidad y la incertidumbre si el premio es vivir a mi manera.
—Actualmente estás involucrado en varios proyectos audiovisuales. ¿Qué puede adelantar?
—Pronto se estrena en cines una película que rodé el verano pasado y estoy involucrado en varios procesos de casting en los que muy pronto tendré noticias, pero lo que es seguro es que vienen cosas muy prometedoras en un futuro próximo y no puedo estar más emocionado.
—¿Sientes que lleva a Linares consigo en tu trayectoria?
—De hecho es literal, hace poco hice una obra de teatro en el Cervantes y he participado en varias obras y proyectos en la ciudad, pero sin duda el colofón ha sido el premio que me ha concedido el Ayuntamiento de Linares al talento joven que me entregan el 12 de junio en El Pósito y eso es tremendo para mi, que te reconozcan en tu ciudad es lo máximo.
—¿Qué le diría al Pablo que empezaba a soñar con dedicarse a esto?
—Que vaya con todo porque la entrega se paga y que gracias a sus decisiones hoy soy más feliz de lo que jamás soñé serlo, gracias a ese Pablo que soñaba el Pablo actual vive un sueño y tiene claro que el camino se hace al andar, parafraseando a uno de nuestros grandes.
—¿Qué significa para usted ser actor?
—Significa que efectivamente somos dueños de nuestras decisiones y de nuestro futuro aunque a veces parezca lo contrario, ojalá y alguien que lea esto y tenga dudas se anime a tomar las riendas y viva en libertad. Además, mi profesión tiene algo muy bonito y es que me permite compartirla con los míos y con el resto del mundo. Antes de terminar, quería felicitaros por vuestro trabajo, llevo mucho tiempo leyéndoos y el trabajo que hacéis por nuestra ciudad es inmenso, además de darle voz a artistas emergente como yo, os deseo toda la suerte del mundo.