La despedida de Francisco Reyes de la presidencia de la Diputación de Jaén tuvo este viernes mucho de balance político, algo de reivindicación personal y una clara voluntad de dejar fijado un relato.
El dirigente socialista, que abandona el cargo tras quince años para incorporarse al Parlamento andaluz, eligió su último pleno extraordinario para defender una idea que ha acompañado buena parte de su trayectoria institucional: que Jaén ha dejado de ser una provincia condenada a lamentarse para convertirse en una tierra capaz de construir oportunidades.
No era una intervención cualquiera. En el salón de plenos se daban cita representantes institucionales, agentes sociales y buena parte del entramado político y económico de la provincia. Reyes comparecía por última vez como presidente de una institución que ha marcado la vida pública jiennense durante más de una década y media. Y lo hacía en un momento en el que el PSOE provincial afronta un relevo cuidadosamente diseñado para garantizar la continuidad del proyecto con la previsible elección de Juan Latorre como sucesor.

Datos de tres lustros de Gobierno
Lejos de optar por una despedida sentimental, el todavía presidente articuló un discurso apoyado en datos económicos, grandes proyectos y políticas públicas. Fue, en esencia, una defensa de la gestión realizada desde 2010 y una reivindicación del papel que la Diputación ha desempeñado como principal motor institucional de una provincia históricamente marcada por déficits estructurales.
Durante su intervención recordó los años más difíciles de la crisis financiera, cuando el desempleo golpeaba con fuerza a los municipios jiennenses y la Administración provincial impulsó los primeros planes de empleo extraordinarios. Aquella etapa, señaló, demostró la capacidad de la Diputación para actuar como una institución cercana a las necesidades del territorio.
Pero el núcleo de su argumentación estuvo centrado en el presente. Reyes dibujó una provincia que, según su diagnóstico, atraviesa una de las mejores etapas económicas de las últimas décadas. Citó la evolución del PIB, la reducción del paro, el crecimiento de las exportaciones, el aumento de viajeros y pernoctaciones o la expansión del sector oleícola como indicadores de una transformación que, a su juicio, ha cambiado la posición de Jaén dentro de Andalucía y de España.
Ese discurso económico estuvo acompañado por la reivindicación de algunas de las infraestructuras más emblemáticas promovidas durante sus mandatos. El Olivo Arena apareció como símbolo de una nueva imagen exterior de la provincia. También la inversión en carreteras provinciales, el desarrollo de Geolit como polo tecnológico o la apuesta por el Centro Tecnológico de Desarrollo y Experimentación, el Cetedex, convertido en uno de los proyectos estratégicos con mayor capacidad de transformación económica para el territorio.
En realidad, el legado que Reyes intenta consolidar va más allá de las cifras o las obras. Su mensaje insistió en una idea política de fondo: la construcción de una nueva autoestima colectiva para Jaén. Quizá fue ahí donde el presidente saliente dejó una de las reflexiones más significativas de su despedida al afirmar que la provincia ha pasado “del eterno lamento al avance”.





Autoestima jiennense
Esa apelación no es casual. Durante décadas, buena parte del debate público jiennense estuvo dominado por la sensación de agravio comparativo respecto a otros territorios andaluces. Reyes ha intentado combatir esa percepción desde una estrategia basada en la promoción de la marca provincial, el fortalecimiento de sectores como el turismo, la gastronomía o la agroindustria y la búsqueda de proyectos tractores capaces de alterar la estructura económica tradicional.
La evolución del aceite de oliva ocupa un lugar central en ese relato. El presidente saliente defendió que el olivar ya no puede contemplarse como una debilidad o una dependencia excesiva, sino como el principal activo diferencial de la provincia. Una afirmación que conecta con la estrategia desplegada durante los últimos años para vincular producción, calidad, turismo y gastronomía bajo una misma identidad territorial.
Sin embargo, la intervención también dejó espacio para la preocupación. Y fue precisamente en ese terreno donde Reyes abandonó el tono triunfalista para lanzar una advertencia política de alcance. Según expresó, la principal amenaza para el futuro inmediato ya no reside en la economía, cuyos indicadores considera positivos, sino en el deterioro progresivo de servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación o la dependencia.
La reflexión tiene una evidente lectura política en clave andaluza. Su incorporación al Parlamento autonómico coincide con un discurso cada vez más crítico del PSOE respecto a la gestión de los servicios públicos por parte del Gobierno de Juan Manuel Moreno. No parece casual que una de sus últimas intervenciones como presidente provincial estuviera orientada precisamente a ese terreno.
El acto concluyó con agradecimientos al personal de la Diputación y con una petición de perdón poco habitual en este tipo de despedidas institucionales. Reyes reconoció que durante quince años de gestión pudo haber causado perjuicios involuntarios y quiso cerrar su etapa con ese gesto de humildad política.
Las intervenciones posteriores reflejaron el reconocimiento institucional que ha acumulado durante este tiempo. Desde el PSOE, Pilar Parra destacó su capacidad de trabajo y su compromiso con la provincia. Desde el PP, Luis Mariano Camacho le deseó éxito en su nueva responsabilidad parlamentaria. Un consenso poco frecuente en tiempos de alta polarización política.
Fin de ciclo y relevo
La salida de Francisco Reyes cierra uno de los ciclos más largos y estables de la política jiennense reciente. Pocos dirigentes han concentrado durante tanto tiempo una influencia tan determinante sobre la agenda provincial.
Su legado será objeto de debate político durante años. Sus partidarios sostendrán que deja una provincia más fuerte, con más proyectos y mayor confianza en sí misma. Sus detractores argumentarán que muchas de las asignaturas pendientes siguen sin resolverse.
Lo que parece indiscutible es que su marcha marca el final de una etapa. Y que el dirigente que durante tres lustros ha encarnado el poder institucional de la provincia abandona la Diputación intentando dejar una última idea grabada en la memoria colectiva de Jaén: que el futuro, por primera vez en mucho tiempo, puede contemplarse con más expectativas que resignación.
Será el próximo 9 de junio cuando se celebre el pleno para elegir al vicepresidente primero de la Administración provincial, Juan Latorre, como la persona que sucederá a Reyes al frente de la Diputación de Jaén.
Fotos: Diputación de Jaén y Subdelegación del Gobierno en Jaén