Francisco Javier Perales Fernández (Linares, 1976) conoce el valor de la negociación desde mucho antes de entrar en política. Fue sindicalista y durante años aprendió a moverse en uno de los territorios laborales más complejos: el sector del metal, donde cada acuerdo exige resistencia, diálogo y capacidad para entender posiciones enfrentadas. Esa experiencia sigue marcando una forma de hacer política que él reivindica como propia: escuchar, pisar la calle y hablar con quienes tienen los problemas del día a día.
El portavoz del principal partido de la oposición y vicepresidente segundo de la Diputación de Jaén afronta un momento decisivo de su trayectoria política. El curso que ahora termina deja sobre la mesa las primarias del PSOE para elegir candidato o candidata a la Alcaldía y una cuenta atrás hacia las próximas elecciones municipales que ya empieza a marcar la agenda.
Quienes conocen a Javi Perales destacan una personalidad cercana y una forma de relacionarse que mantiene incluso desde las responsabilidades institucionales. No es extraño verlo conversando con vecinos en la calle, en un barrio o en cualquier encuentro cotidiano. Esa manera de entender la política, más pegada al contacto directo que al despacho, forma parte del relato que él mismo defiende cuando habla de escuchar a la ciudad.
Fuera de la actividad pública busca espacios donde bajar el ritmo. La naturaleza ocupa un lugar importante en su vida, como una forma de desconexión y de recuperar cierta tranquilidad frente a la exposición constante de la política. Entre sus aficiones está disfrutar del entorno natural de la provincia y de esos momentos que le permiten alejarse, aunque sea durante unas horas, del ruido que acompaña a cualquier cargo público.
El líder de los socialistas linarenses recibe a El Nuevo Observador para repasar un escenario político cargado de retos, pero también para hablar de la persona que existe detrás del cargo. Un hombre que asegura sentirse agradecido por lo conseguido y que sitúa a sus hijas, Marta y Miriam, como su mayor orgullo.
—¿Qué valoración hace del curso político?
—Bueno, otro año más, el tercero del mandato. Los años se componen de 12 meses. En mi caso, estuve solo 11 meses, y se achaca de manera constante como excusa esa gestión, que, por otro lado, para numerosos linarenses reconocen fue positiva. Ellos llevan -en referencia al Partido Popular- más de tres años, o dicho de otro modo más de 36 meses, y la verdad es que su gestión deja mucho que desear.
Es fácil de comprobar por la cantidad de proyectos que siguen estancados y por los mensajes que siempre hablan de futuro, pero la realidad de la ciudad es otra bien distinta: no avanza al ritmo que ellos creen o trasladan a la ciudadanía. Es importante que la gente lo vea con perspectiva.
Cada vez que hablo con un vecino, con una linarense, siempre hago la misma pregunta: ¿En estos tres años y dos meses en qué ha cambiado tu vida con el Gobierno municipal del PP? La respuesta que me dan es que ha cambiado poco o nada. Vemos parques, calles, plazas, zonas infantiles y espacios públicos completamente deteriorados, abandonados, sin mantenimiento. A lo que conviene sumar una falta total de modelo de ciudad.
Sin embargo, ellos no se cansan de hablar de la herencia recibida del PSOE. Sin embargo, obvian las grandes transformaciones que ha experimentado Linares bajo los gobiernos socialistas de Alfredo Catalán, Manuel Rodríguez Méndez o Juan Fernández. En cambio, olvidan con facilidad que gobernó en coalición con Raúl Caro-Accino, cuando era alcalde por Ciudadanos. Llevan más de siete años al frente del Ayuntamiento. Dónde están las grandes promesas de aquel mandato de Caro-Accino y del actual.
—En más de una ocasión le he escuchado decir que este Gobierno local no trata igual a toda la ciudad. ¿Realmente cree que existe discriminación entre el centro y los barrios? ¿Qué el PP gobierna por unos pocos?
—Solo hace falta pasear por Linares y ver los decretos del Ayuntamiento para constatar dónde interviene más. Por ejemplo, el último contrato de limpieza extraordinario solo es para cinco zonas concretas y que casualidad que todas en el centro. No ven las cientos de calles que hay en los barrios con problemas similares. Lo mismo ocurre con los parques infantiles, los espacios públicos municipales o por las zonas verdes. Lo dicen los vecinos no solo Javi Perales y el PSOE.
Cuando las quejas se disparan, entonces aplican un poco de maquillaje para que no se note tanto, pero, al poco tiempo, vuelven a olvidar a los barrios. Y si actúan en ellos, también es porque disponen de planes y programas subvencionados que deben justificar con intervenciones en determinadas zonas. Esto no es nuevo.
—¿Considera que el actual equipo de Gobierno sabe ‘vender’ mejor las cosas que ustedes?
—Lo único que venden son las positivas. Yo pongo también el ejemplo de los trabajadores del Ayuntamiento. Todo el mundo ve los empleados que día tras día presentan como nuevas incorporaciones. Alguien que se para a pensar cuántos trabajadores hay en el Ayuntamiento. Al ritmo de fotografías que anuncian nuevas incorporaciones, el Ayuntamiento debería tener más de mil empleados. ¿Por qué? Porque anuncian nuevas incorporaciones, pero no dicen las salidas. El Ayuntamiento sigue teniendo el mismo equilibrio de trabajadores.
Lo mismo hacen con la ciudad. Anuncian las empresas que llegan, pero se olvidan de las que cierran. Hace tan solo unos días veíamos cómo iban a inaugurar el traslado de un negocio, no una apertura. Sin embargo, es desolador pasar por algunas calles comerciales con numerosos establecimientos cerrados. En esas fotos nunca se va a ver a la alcaldesa.
Igual ocurre con las adecuaciones y las inversiones de algunas zonas de Linares. Yo siempre he puesto el mismo ejemplo. Cuando hacen una limpieza en una zona de Linares con el equipo de Resurja, por ciento de la Diputación Provincial de Jaén, lo anuncian a bombo y platillo. ¿Alguien ha visto una foto de la alcaldesa diciendo esto no está tan bien, esto hay que adecuarlo? Solo venden la parte positiva, pero dónde verdaderamente hay que estar es al lado del que lo pasa mal, de los vecinos que sufren todo tipo de problemas.

—A la vuelta de vacaciones, se prevé el inicio de numerosas intervenciones.
—Así es. Nos espera una batería tremenda de obras, aunque muchas de ellas sean solo reparaciones. Mientras sea bueno para Linares, que vendan lo que quieran. Lo que habrá que preguntarle, y los ciudadanos se lo preguntarán y se lo expresarán, espero, en la urnas en mayo de 2027, es por qué en tres años no han hecho nada y se dedican a hacerlo en los últimos meses de mandato.
Los linarenses no son tontos y no pueden tener una calle mal mantenida durante tres años y medio para que solo y exclusivamente en el último medio año se la mantenga bien, para captar su atención y, por supuesto, su voto. Los vecinos y vecinas de esta ciudad son bastante inteligentes y saben lo que llevamos penado con este equipo de Gobierno. Uno está para mejorar la vida de sus vecinos durante todo mandato, que son cuatro años. Si no es capaz, demuestra una incapacidad manifiesta para gobernar esta ciudad.
—¿Tiene alguna autocrítica sobre el papel del principal partido de la oposición? ¿Qué cree que ha fallado: usted, su partido o su grupo municipal?
—Tengo bastante autocrítica conmigo mismo. Creo que nos faltó estar más en la calle, como hemos hecho en los últimos meses. Acudir a los barrios, hablar con los vecinos y escuchar la realidad de lo que está ocurriendo.
Los vecinos son quienes te trasladan los problemas de movilidad que existen en la ciudad, la falta de limpieza o mantenimiento en algunas calles, la necesidad de más espacios de ocio, parques infantiles o actividades culturales. Esa realidad no te la transmite un pleno ni una comisión. Te la cuentan las personas cuando hablas con ellas.
—¿Quiere decir que fallaron por no salir antes a la calle?
—Fallamos en algunos momentos en estar desconectados de la ciudad. Por eso, de un tiempo a esta parte, decidimos cambiar esa dinámica y salir más. Nos hemos reunido con asociaciones de vecinos, pero hemos ido más allá.
Incluso puse a disposición de los ciudadanos un WhatsApp personal para que pudieran trasladarme sus problemas e incidencias. Es cierto que se ha convertido en una vía para intentar resolver cuestiones que corresponden al Ayuntamiento. Estoy agradecido por la confianza, pero no debería existir ese canal. Debería haber una relación directa y eficaz entre los vecinos y el Ayuntamiento.
El llamado «martes de la alcaldesa» desapareció prácticamente desde el inicio y nadie se reúne con ella un martes. Eso demuestra una falta de cercanía que nosotros sí queremos recuperar.
—Se le pide en muchos plenos que sea más constructivo. Dígame algo positivo que haya hecho el actual equipo de gobierno en estos tres años.
—Sería difícil encontrar algo positivo.
—¿Por qué?
—Cuando fui nombrado portavoz —porque no lo he sido durante todo el mandato, llevo aproximadamente un año y medio— pedí a la alcaldesa más interlocución directa, más diálogo con los grupos políticos.
Recuerdo que cuando fui alcalde había seis partidos representados en el Ayuntamiento y existía una relación permanente con ellos. Ahora hay cuatro grupos y en tres años y medio no ha habido una junta de portavoces para explicar qué plenos se iban a celebrar, qué asuntos se iban a abordar o cuáles eran las preocupaciones del equipo de gobierno.
Creo que la alcaldesa pasará a la historia como la alcaldesa con menos interlocución con el resto de fuerzas políticas representadas en el Ayuntamiento. Y eso debilita la democracia.
Aunque tenga doce concejales, nosotros representamos a diez. Izquierda Unida representa a miles de vecinos; Vox representa a una parte de la ciudadanía; el PSOE también. La mayoría social de Linares está representada por varios grupos, no únicamente por el Partido Popular. El problema es que gobiernan como si tuvieran una mayoría absoluta y eso les lleva a no escuchar.
—¿Considera que la situación de la concejal no escrita afecta a la vida democrática de la ciudad?
—Por supuesto. Se están aprobando presupuestos y decisiones importantes para los linarenses porque se está permitiendo que una concejala no ejerza sus funciones.
Nosotros llevamos al pleno una propuesta para que aquellos concejales que no asistieran a plenos o comisiones no percibieran las retribuciones correspondientes. El Partido Popular votó en contra.
Cualquier empresario de Linares entendería que no puede pagar a un trabajador que no acude a su puesto. Pues eso es lo que está ocurriendo en el Ayuntamiento.
Pero el problema va más allá. Hace unos días Vox presentó una moción que nada tenía que ver con mejorar la vida de los vecinos, relacionada con la llamada «invasión migratoria» y con ataques a políticos. Nosotros decidimos abandonar el pleno porque entendíamos que no era el debate que necesitaba la ciudad.
El concejal del PP, Enrique Mendoza, dijo que eso era una dejación de funciones. Yo le preguntaría qué considera entonces que es que una concejala lleve meses sin acudir a plenos ni comisiones. ¿Por qué en ese caso no se exige la misma responsabilidad?
El equipo de gobierno está permitiendo que una persona siga cobrando su sueldo y sus asistencias sin cumplir con las obligaciones que tiene como representante público. Y eso perjudica a Linares, porque les permite sacar adelante asuntos tan importantes como los presupuestos sin negociar con nadie.
—En septiembre se abre el proceso de primarias en el PSOE tras el anuncio de Ana Cobo. Usted, sin embargo, ya está trabajando en un modelo de ciudad y ha mantenido encuentros con vecinos. ¿Cómo afronta este proceso?
—Nosotros respetamos los procesos democráticos del partido y nos vamos a someter a ellos. No somos el Partido Popular, donde de repente aparece una candidata y se decide de un día para otro. En el PSOE son los militantes quienes tienen la última palabra.
Pero existe una diferencia importante: nosotros llevamos tres años y dos meses trabajando en un proyecto para recuperar la Alcaldía de Linares. Un proyecto pensado para mejorar la vida de la ciudad y basado en una forma de entender el gobierno municipal que ya demostraron alcaldes socialistas como Juan Fernández, Julián Jiménez, Alfredo Catalán, Manuel Méndez y yo mismo.
No es lo mismo llevar tres años construyendo una propuesta, hablando con vecinos y ganando su confianza, que presentar una alternativa a pocos meses de las elecciones.
Quiero trasladar un mensaje de tranquilidad a los vecinos: la militancia conoce el trabajo que se ha realizado. Hace dos semanas celebramos una asamblea y me reconfortó comprobar que había muchos compañeros que entendían que el camino recorrido era el correcto.

—¿Ana Cobo habló con usted antes de anunciar su candidatura?
—No fui la primera persona a la que llamó para comunicarme su decisión. Cuando hablamos, me trasladó que entendía que el trabajo estaba bien hecho, pero que tenía ilusión por presentarse, algo que respeto. Cualquier militante tiene derecho a hacerlo.
Creo, eso sí, que podía haberse comunicado antes, como hice yo en octubre de 2024, para generar confianza y claridad entre los ciudadanos.
Las primarias no son malas porque forman parte de la democracia interna, pero en este momento creo que no eran la mejor opción porque ponen frente a frente un proyecto que lleva tres años trabajando con otro que acaba de comenzar.
Mi proyecto se ha presentado durante todo este tiempo: saliendo a la calle, reuniéndome con vecinos y recogiendo sus inquietudes.
Si en septiembre la militancia decide otra cosa, lo respetaremos. Pero hasta ese momento seguiremos trabajando con la misma ilusión y con la convicción de que tenemos el mejor proyecto para Linares.
—Como vicepresidente segundo de la Diputación de Jaén, ¿pueden esperar los linarenses buenas noticias?
—Sí, y además antes de septiembre. La vicepresidencia segunda no la ocupa Javi Perales, la ocupa el PSOE de Linares. Eso es algo que hacía muchas décadas que no ocurría y es fruto del trabajo de muchas personas.
Los cargos los ocupan personas y cada persona tiene una forma distinta de entender la política. El presidente Juan Latorre tiene su propia manera de gestionarla, igual que la tenía el anterior presidente, y yo tengo mi propia forma de trabajar.
Los vecinos me conocen. Saben el arraigo que tengo con esta ciudad, donde llevo cincuenta años viviendo, y el compromiso que tengo con Linares es absoluto.
La Diputación ya está teniendo presencia en la ciudad, aunque algunas inversiones no se hayan querido poner en valor. Un ejemplo es la reforma del paseo de la ermita, una actuación realizada con recursos de Diputación cuyo cartel parece que se ha querido ocultar para que los ciudadanos no sepan quién la ha ejecutado. Seguiremos trabajando y habrá noticias importantes, especialmente relacionadas con el empleo.
—En las próximas elecciones aparecerá previsiblemente Adelante Andalucía como nuevo actor político. ¿Le interesa una izquierda fuerte?
—Me gustaría hacer dos reflexiones. Por un lado, Vox ha intentado trasladar una imagen de enfrentamiento con el gobierno municipal, pero la realidad es que sus votos han permitido que los presupuestos salgan adelante. Critican en los medios, pero después facilitan la estabilidad del equipo de gobierno.
Respecto a la izquierda, muchas personas entienden que la pérdida de la Alcaldía en 2023 no se produjo porque el PP creciera de manera extraordinaria, sino porque hubo una fragmentación del voto progresista.
Hubo casi 3.000 votos de diferentes opciones de izquierda que no obtuvieron representación: Linares Primero, CILU, Adelante Andalucía, Podemos… Esa división tuvo consecuencias.
Yo quiero una izquierda fuerte, sólida y con capacidad de representar a sus vecinos, pero creo que debe existir una única propuesta.
No puede ocurrir que haya partidos que obtengan 400 o 600 votos y no consigan representación, porque al final esos votos terminan favoreciendo a la derecha.
—Entonces, ¿defiende una candidatura conjunta?
—Defiendo que la izquierda vaya unida. A la izquierda del PSOE de Javi Perales creo que queda poco espacio, pero todas las fuerzas progresistas deberían reflexionar sobre cómo conseguir que sus votos tengan utilidad.
Los ciudadanos no pueden votar una opción pensando que está defendiendo sus ideas y que, en la práctica, ese voto acaba ayudando a otro proyecto político.
—Hablemos de la reforma del Estadio Municipal de Linarejos. Desde fuera se percibe poca actividad. ¿Sabe algo sobre la marcha de las obras?
—Un amigo me decía que si yo estuviera en la Alcaldía probablemente ya habría habido tres manifestaciones. No estoy llamando a que nadie se manifieste, pero sí creo que refleja la paciencia que está teniendo la ciudadanía.
Cuando fui alcalde conseguimos sacar adelante el proyecto de Linarejos en once meses: pasamos de un dibujo y una prórroga a una actuación encaminada. Sin embargo, según el Partido Popular, nosotros habíamos paralizado el estadio.
Ahora han pasado tres años y dos meses de este mandato, más los dos años anteriores. Estamos hablando de casi seis años en los que el proyecto no ha avanzado como debería.
La alcaldesa ha ido perdiendo credibilidad. Ha dado fechas, ha explicado diferentes motivos para las paradas —el agua, los trabajadores, la dirección facultativa, nuevos problemas encontrados—, pero nunca ha cumplido los plazos anunciados.
—Lo veo poco optimista.
—Linarejos, el mercado de Santiago, el Periquito Melchor, la actuación de la calle Baños, la adquisición de la Policía Local, la ciudad deportiva de Zambrana o la pista de atletismo son ejemplos de una misma situación.
Después de 38 meses de Gobierno de Auxi del Olmo, más del triple del tiempo que tuve como alcalde, no vemos una gestión capaz de transformar la ciudad ni un gobierno que haya recuperado la credibilidad de los vecinos.