Antes de que llegaran los reconocimientos, las guías y los nombres ilustres de la gastronomía, estuvo la cocina de casa. La de una madre. La de una abuela. La de una niña de Linares que empezó a descubrir entre cazuelas y recetas familiares que aquello podía ser algo más que una afición.
Años después, aquella intuición tiene una dirección concreta: Travesía de Playa Serena, en Roquetas de Mar. Allí está Alinea, el restaurante que Estefanía Marchal Carreño dirige desde 2024 y del que es propietaria desde 2025. Un proyecto que acaba de dar uno de los pasos más importantes de su todavía joven historia: la Guía Michelin lo ha incorporado este mes de agosto a su selección de restaurantes recomendados en España.
La noticia tiene el brillo de las grandes distinciones, pero detrás hay una historia bastante más larga que el reconocimiento de una guía. Es la historia de una cocinera de Linares que decidió aprender el oficio desde abajo, que pasó por algunas de las cocinas más exigentes del país y que terminó encontrando en Almería el lugar desde el que construir una cocina con nombre propio.
Michelin ha puesto ahora sus ojos en Alinea. Los inspectores de la guía, que recorren durante todo el año restaurantes de todo el país, han destacado especialmente el equilibrio que Marchal consigue entre tradición e innovación. Una combinación que explica buena parte de la personalidad de un establecimiento situado en una zona tan turística como La Urba, pero que ha elegido mirar mucho más allá del paisaje de playa y hoteles que lo rodea.
Su cocina mira al Mediterráneo, a la huerta almeriense y al recetario andaluz. También a los recuerdos. A aquello que permanece en la memoria aunque cambie la forma de llevarlo al plato.
De Linares a las grandes cocinas
Estefanía Marchal nació en Linares en 1987. Su primera escuela no tuvo estrellas ni grandes nombres. Fue su propia familia. De su madre y de su abuela aprendió esa relación casi íntima con la cocina que después acabaría convirtiéndose en profesión.
El siguiente paso fue el IES El Valle de Jaén, donde cursó los grados de Cocina y Restauración. Más tarde llegó el máster en Dirección y Gestión en Cocina del Parador de León.
Y después, la carretera. Baleares, Málaga, Mojácar, Madrid. Distintos restaurantes y hoteles. Diferentes equipos. Otras formas de entender un oficio que exige precisión, resistencia y muchas horas de trabajo. Entre todas esas experiencias hay dos nombres especialmente importantes: Nacho Manzano y Sergi Arola.

Marchal pasó por Casa Marcial, el restaurante asturiano de Manzano, distinguido con tres estrellas Michelin, y también trabajó junto a Arola. Fueron etapas de aprendizaje en cocinas de enorme exigencia, donde cada detalle cuenta y donde la técnica deja de ser una palabra para convertirse en una manera de trabajar.
Todo ese bagaje terminaría apareciendo, años después, en Alinea. En 2024 asumió la dirección de cocina de Alinea. Un año después pasó a ser la propietaria. Desde entonces, el restaurante ha ido dejando atrás cualquier etiqueta para construir una identidad propia.
Una cocina que sabe de dónde viene
En Alinea hay tomate, corvina, pulpo, jibia, emperador. Hay productos almerienses, mercados, huertas y pescadores. Pero también hay recuerdos de otras cocinas y técnicas aprendidas durante años de profesión.
Marchal selecciona personalmente buena parte de los productos en los mercados de Roquetas de Mar y Almería. El producto de cercanía no es un reclamo añadido a la carta. Es el punto de partida.
La Guía Michelin se ha fijado, entre otras cosas, en esa manera de trabajar. En su propuesta aparecen platos como el Cherrys Tomati&Co, tarantelo y emulsión de piparras; la corvina madurada y cocida a la brasa con gurullos almerienses, sepia y salsa de hinojo; o elaboraciones que reinterpretan sabores reconocibles para llevarlos a un terreno diferente.
También están el gazpacho de jeringuilla con tomate pasificado, la alcachofa a la brasa con crema de ajo cabañil, el contramormo entomatado con patatas fritas o la entraña a la brasa con causa limeña.
Y hay un plato que se ha convertido en una especie de firma: el Huevo de Oro. Una reinterpretación de los huevos rellenos que incorpora guiso de changurro y ketchup de verdura.
La cocina de Marchal no pretende borrar la tradición. La utiliza como punto de partida. Eso se aprecia especialmente en platos como el asadillo de pimientos al carbón con anguila, praliné y toques cítricos. Un sabor reconocible que cambia de textura, de presentación y de acompañamientos sin dejar de ser reconocible. El territorio entra en el menú
La nueva etapa de Alinea también se ha traducido en una apuesta más personal por los menús degustación. Desde 2026, el restaurante ofrece un recorrido de siete pases que permite seguir el hilo de la cocina de Marchal a través del campo y la costa, del mar y la tierra.
Por la mesa pasan un wantón de guiso de pelotas de Turre, pez limón con tosta crujiente y escabeche, canelón de galete entomatao con bechamel de amontillado, guisante con dashi de sus propias vainas o el Tomati&Co, con tarantelo y gazpacho chipotle. La carta mantiene, además, pequeños bocados, platos para compartir y postres. La bodega reúne unas 140 referencias entre vinos clásicos, etiquetas de proximidad y pequeñas producciones.
No es solo una cocina. Es una manera de contar un territorio. Michelin llega después de otros reconocimientos. La entrada en la selección Michelin no aparece de la nada.
En 2025 Alinea ya había conseguido la recomendación de la Guía Repsol. Marchal fue también seleccionada para representar a la gastronomía almeriense en encuentros profesionales como Madrid Fusión, Fitur y Salón Gourmets.
El restaurante ha recibido además el Premio a Mejor Servicio de Sala de los Premios Gastronómicos de Almería, un reconocimiento que puso el foco en el trabajo coordinado del equipo que acompaña a la cocina.
Porque Alinea no se sostiene únicamente sobre los fogones. Junto a Marchal están Alberto Rosa, jefe de sala, y Pascual Rodríguez, camarero. Una pequeña estructura que trabaja para que la experiencia que comienza en la cocina llegue completa a la mesa. Ahora Michelin ha añadido su nombre a la lista.
No significa todavía una estrella. Las estrellas y los Bib Gourmand de la próxima edición se conocerán en la ceremonia anual. Pero la recomendación sí coloca a Alinea dentro de la selección de una guía cuyos inspectores han decidido que merece ser descubierto.
Estefanía Marchal se sitúa en la élite nacional donde ya se encuentran otros cocineros de Linares, como Álvaro Salazar, de Voro (Palma de Mallorca y dos estrellas Michelin); Juan Pablo Gámez, de Los Sentidos (Linares), Juan Carlos Trujillo, de Canela en Rama (Baeza); Montse de la Torre, de Cantina la Estación (Úbeda) o Rafa Bautista, de La Oveja Negra (Barbastro), por citar solo unos nombres.