Arquillos ha sido durante siglos lugar de paso. Por allí han ido y venido personas, culturas y conocimientos, y eso deja huella en un pueblo. Esa idea, la del cruce de caminos, es la que la cooperativa San Antonio Abad ha querido poner en sus botellas ahora que estrena su primer aceite de cosecha temprana.
Quien la ha traducido en diseño es Isabel Cabello, artista plástica nacida en Antequera en 1976 y licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada. Dirige la parte creativa de Cabello x Mure, una agencia de branding y packaging con sede en Úbeda que lleva años trabajando con empresas del sector oleícola de la provincia. Su trabajo para otras firmas ha recibido reconocimientos internacionales. De hecho, acaba de regresar de la Gala Pentawards 2026, celebrada en Londres, donde ha recogido distintas medallas por sus trabajos.
Antes de dibujar, escuchar
El proyecto empezó con una reunión en la cooperativa. Cabello recuerda aquel día como “muy enriquecedor”. Le explicaron cómo elaboran y comercializan, qué piden hoy los clientes y qué esperan mañana, pero también cómo nació la cooperativa y cómo es el lugar donde está.
Para su estudio, dice, un envase tiene que funcionar, pero no le basta con eso. Quiere que evoque “la esencia cultural y humana de las personas” que están detrás. Y que, de paso, enseñe algo del producto y del sitio de donde viene.

Un nombre que ya traía la pista
El propio nombre, Oliva 365, daba la pista. Habla del día a día, del esfuerzo constante, de un trabajo que no descansa. Pero también del olivar y de sus ciclos, de una tierra con condiciones cambiantes que no siempre se pueden prever, y de la experiencia de quienes lo trabajan y saben interpretar cada año para sacar el mejor aceite posible.
Gráficamente, el 365 se entrelaza con los trazos de las letras. En la palabra Oliva hay líneas concéntricas que recuerdan los anillos de crecimiento de un árbol y también el entramado de caminos. Cabello lo resume en una idea: el tiempo como “ingrediente invisible”. Lo bueno, viene a decir, requiere tiempo, y cada época del año cuenta en lo que acaba en la botella. Es lo que dice también el lema, “En nuestro olivar, cada día cuenta”.
Dos gamas, dos lenguajes
No todas las botellas hablan igual, y es intencionado. La diseñadora ve cada proyecto como un relato y cada gama como un capítulo. Las historias que hay detrás de una cooperativa, explica, son demasiado valiosas para contarlas en un solo envase.
La gama de diario es la que se usa en la cocina de todos los días, así que buscaron cercanía. Se presenta en garrafas de plástico de tres y cinco litros y también en botellas de cristal. Las líneas cruzadas, en naranja sobre fondo blanco, aluden a los caminos y, a la vez, a los trenzados de los capachos que se usaban en la recogida. Sobre ellas, una rama de olivo con aceitunas verdes y negras y la palabra “nuestro” escrita a mano. El eslogan es “el nuestro”, y se completa con frases como “para toda la familia”.
El diseño incluye, además, una botella oscura de medio litro con franjas diagonales en crema y naranja, y un estuche de cartón kraft con asa y ventana para dos botellas, estampado con hojas de olivo.


El aceite temprano va en cristal, que garantiza su estabilidad, y su gráfica es otra. Sigue con el cruce de caminos, pero con rostro y nombre: Aníbal, Cristóbal Colón, Santa Teresa de Jesús, Rafael de Riego, San Juan de la Cruz. Un homenaje a quienes pasaron por esta tierra y a la hospitalidad del lugar.
La etiqueta imita un papel envejecido. Sobre él, las firmas en un acabado cobrizo y metalizado se mezclan con flores amarillas ilustradas, y el logotipo va en relieve. Todo parte de un libro de firmas de la Venta de Arquillos, imaginado para el diseño, con nombres como Teresa de Jesús o Rafael del Riego y fechas como 1493, 1575 o 1784. El estuche, de tono rojizo, repite la idea con líneas finas que recuerdan a rutas sobre un mapa. El lema de la gama, “cada día trabajando para reescribir nuestra historia”, es para Cabello una invitación a visitar Arquillos y, por qué no, a dejar allí la propia firma.
Conviene una precisión. Las firmas y las fechas de la etiqueta no son documentos reales. Cabello aclara que las fechas tienen carácter orientativo y que las firmas forman parte de una interpretación gráfica, construida a partir de referencias históricas. Lo que se quiere contar, dice, es que Arquillos es algo más que el origen del aceite, “un territorio con una historia y una identidad propias”.
La luna y el pelotero
Para la edición limitada de 2026, la propuesta fue otra. Lleva grabado un calendario circular dorado, con los doce meses y las fases de la luna marcadas día a día. Es una de las formas más antiguas de medir el tiempo, muy ligada a la agricultura tradicional.
El mensaje, según la diseñadora, es doble. Al consumidor, que valore una agricultura más sostenible y equilibrada. A quienes trabajan el olivar, que no olviden la observación, la experiencia y las buenas prácticas, respetando los ritmos naturales.
La botella, de cristal transparente, lleva un tapón dorado y una banda rojiza en el cuello con cuatro círculos que se van llenando, como las fases de la luna. El estuche en tubo guarda un guiño más cercano. Junto al reloj lunar aparecen tres círculos rojos alineados que recuerdan el traje del pelotero, la figura más emblemática de las fiestas de la patrona de Arquillos.


Una imagen a la altura
La pregunta final es si un envase puede cambiar cómo se percibe un aceite. Cabello cree que sí. Un proyecto así ayuda a presentar y comercializar el producto de una forma más ordenada y coherente, mejora su visibilidad en el punto de venta y sitúa cada referencia en su segmento. Pero lo que busca, resume, es algo más sencillo: “que la imagen del producto esté a la altura de su calidad”.
El aceite de primera cosecha de la SCA San Antonio Abad (Oliva 365) ya se puede adquirir en su página web de la SCA San Antonio Abad de Arquillos: https://oliva365.es/