Cuando León XIV recorra las calles de Madrid, Barcelona, Tenerife y Gran Canaria durante su viaje apostólico a España, millones de fieles volverán a buscar una de las imágenes más reconocibles de la Iglesia católica: la del Papa saludando a la multitud desde el papamóvil.
En esta ocasión, la tradición convivirá con la innovación. La organización ha previsto la utilización de varios vehículos eléctricos tipo buggy para facilitar algunos desplazamientos y favorecer la cercanía con los asistentes. Una solución adaptada al siglo XXI que, sin embargo, invita a mirar hacia atrás y recordar una historia poco conocida que conecta al Vaticano con Linares.
Porque mucho antes de la movilidad eléctrica y de los nuevos protocolos de organización de los viajes papales, una fábrica jiennense dejó su huella en la historia de la Santa Sede.


Fotos: Policía Nacional
Un pedazo de Linares en la historia de los Papas
La relación de Linares con la Iglesia católica no es menor. La ciudad vio nacer en 1874 a san Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana y canonizado por Juan Pablo II en 2003. También es la tierra del beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, periodista, escritor y referente del periodismo católico contemporáneo.
Pero existe otro vínculo menos conocido y mucho más singular: el que une a la desaparecida Santana Motor con uno de los vehículos utilizados por Juan Pablo II durante su pontificado.
Se trata de un Land Rover Santana 109 fabricado en Linares que terminó formando parte de la flota papal y que hoy se conserva en los Museos Vaticanos como una pieza histórica.
El todoterreno linarense que llegó al Vaticano
A menudo se confunde este vehículo con los utilizados por Juan Pablo II durante su primera visita a España en 1982. Sin embargo, aquel viaje dejó para la historia la imagen del popular SEAT Panda adaptado para el pontífice. El Santana 109 siguió otro camino.
Fabricado en la factoría linarense, el vehículo fue adaptado para prestar servicio en los desplazamientos papales durante los viajes que Juan Pablo II realizó por América Latina a mediados de los años ochenta. Distintas referencias históricas lo sitúan especialmente en Colombia en 1986, dentro de los dispositivos preparados para los recorridos públicos del pontífice polaco. Su historia está ligada a uno de los momentos más delicados que vivió el Vaticano en el siglo XX.


El atentado que cambió para siempre los papamóviles
El 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II fue víctima de un atentado mientras saludaba a los fieles en la Plaza de San Pedro. Los disparos efectuados por Ali Agca hirieron gravemente al Papa y obligaron a replantear por completo los sistemas de seguridad en torno a sus desplazamientos.
Hasta entonces, el contacto directo con la multitud había sido una prioridad absoluta para Karol Wojtyła. Los vehículos abiertos permitían una cercanía inédita con los fieles, pero también incrementaban los riesgos.
Tras el atentado, los responsables de seguridad comenzaron a desarrollar nuevas soluciones que combinaran protección y visibilidad. Los papamóviles incorporaron estructuras reforzadas, sistemas de blindaje y configuraciones específicas para minimizar amenazas sin romper el vínculo visual entre el pontífice y la multitud. Fue en ese contexto cuando el Land Rover Santana 109 fabricado en Linares adquirió protagonismo.
De la factoría de Santana a los Museos Vaticanos
Tras concluir su servicio, el vehículo regresó a España y permaneció durante un tiempo expuesto en las instalaciones de Santana Motor, donde se convirtió en una de las piezas más singulares de la historia de la compañía.
Posteriormente fue trasladado al Vaticano, donde continúa formando parte de la colección de vehículos históricos asociados a distintos pontificados.
Allí comparte espacio con otros modelos que ayudan a comprender cómo ha evolucionado la movilidad papal a lo largo de las últimas décadas. No es solo un automóvil. Es también un testimonio de una época marcada por los desafíos de la seguridad, los grandes viajes internacionales de Juan Pablo II y la capacidad industrial que llegó a alcanzar una factoría emblemática para la provincia de Jaén.


Del acero de Santana a los vehículos eléctricos de León XIV
La próxima visita de León XIV a España permitirá contemplar una nueva evolución de esa historia. Los vehículos eléctricos previstos para algunos de sus desplazamientos reflejan los cambios tecnológicos y las nuevas sensibilidades que marcan el presente. La sostenibilidad, la eficiencia energética y la cercanía con los ciudadanos forman parte ahora de la logística de los viajes pontificios.
Sin embargo, hay algo que permanece inalterable desde hace décadas: la necesidad de acercar al Papa a la gente. Mientras León XIV saluda desde los vehículos del siglo XXI, un viejo Land Rover Santana fabricado en Linares sigue recordando, a cientos de kilómetros de Andalucía, que la historia de los papamóviles también tiene acento jiennense.
Y que una de las piezas más singulares conservadas hoy por el Vaticano salió, hace ya varias décadas, de una cadena de montaje levantada en el corazón de la ciudad minera.
Así custodiamos el #PapaMóvil que utilizará el Papa León XIV 🇻🇦 en sus desplazamientos en #Madrid y #Canarias durante su visita a España 🇪🇸@policia 🤝🏻 @EjercitoAire pic.twitter.com/CEjuWf0YlU
— Policía Nacional (@policia) May 31, 2026