Los lloros de los bebés sustituyeron durante unos minutos al habitual silencio del Santuario de Nuestra Señora de Linarejos Coronada. Entre los bancos se abrían paso carritos, padres con biberones en la mano, chupetes que caían al suelo y madres que buscaban un rincón discreto para cambiar un pañal antes de que comenzara la ceremonia.
La escena, cotidiana para cualquier familia con un recién nacido, adquirió este domingo un significado especial durante uno de los actos más entrañables del calendario de la Cofradía de Nuestra Señora de Linarejos Coronada.
Tras la eucaristía de las 12.00 horas, decenas de familias participaron en la tradicional presentación de niños y niñas a la patrona de Linares, una ceremonia cargada de simbolismo en la que los padres encomiendan a sus hijos a la protección de la Virgen de Linarejos, alcaldesa perpetua de la ciudad.
La mayoría de los protagonistas eran bebés de apenas unos meses, aunque también hubo niños de mayor edad. Uno a uno fueron acercados hasta los pies de Nuestra Señora de Linarejos Coronada en un ambiente de recogimiento, emoción y también de espontaneidad, con las inevitables sonrisas, llantos y gestos propios de los más pequeños.

Obsequios para el recuerdo
Como recuerdo de esta jornada, cada niño recibió la medalla de la patrona y un obsequio conmemorativo entregado por la Cofradía. Después llegó uno de los momentos más esperados por las familias. Ya en el camarín, los pequeños fueron pasados bajo el manto de la Virgen, un gesto profundamente arraigado en la devoción popular que simboliza la confianza en la protección maternal de María sobre el presente y el futuro de los niños.
La presentación de los niños a la Virgen constituye una antigua tradición de la religiosidad mariana. A través de este rito, los padres consagran simbólicamente a sus hijos y los ponen bajo el amparo de la imagen, pidiendo salud, protección y guía para su vida.
Desde la Cofradía de Nuestra Señora de Linarejos Coronada agradecieron la participación de todas las familias que acudieron al santuario para compartir este momento de fe. Una mañana en la que los habituales rezos convivieron con el sonido de los sonajeros, los balbuceos infantiles y el ir y venir de padres primerizos, dejando una estampa poco frecuente, pero profundamente significativa, a los pies de la patrona y alcaldesa perpetua honoraria de Linares.