Fallece a los cien años Pilar Peralto Berrocal, una mujer adelantada a su tiempo y a su época

Farmacéutica, empresaria y madre de cinco hijos, nació en Sevilla en 1925 y desarrolló en Linares una trayectoria profesional poco habitual para las mujeres de su generación

Por:Javier Esturillo
Pilar Peralto Berrocal, en una imagen de archivo.

Pilar Peralto Berrocal nació en Sevilla el 5 de diciembre de 1925 y murió este domingo en Linares, el 9 de agosto de 2026. Entre una fecha y otra caben cien años de una vida extraordinaria, pero también una historia mucho más sencilla y cercana: la de una mujer que llegó desde otra ciudad, echó raíces en ella y acabó siendo, para muchos, una linarense más. Una de esas personas que forman parte del paisaje humano de una localidad casi sin darse cuenta.

Había cumplido un siglo el pasado mes de diciembre. Cuando nació, las condiciones sanitarias y sociales poco tenían que ver con las actuales. Pilar atravesó aquel tiempo, la guerra, la posguerra, la dictadura, la Transición y más de cuatro décadas de democracia. Vio cambiar el país, Linares y su propia profesión. Y lo hizo sin abandonar nunca una manera de entender la vida basada en el trabajo, la familia y el compromiso.

Una vida apasionante

Su historia empezó en Sevilla, donde recibió una educación poco común para una mujer de su generación. Estudió en el Instituto-Escuela de Sevilla, una iniciativa pedagógica vinculada a las corrientes renovadoras que buscaban transformar la enseñanza en España. Aquella formación fue el primer paso de un camino que la llevaría después hasta Granada, donde se licenció en Farmacia.

Fue allí donde conoció a José Rodríguez Caro, un joven linarense que acabaría convirtiéndose en su marido y en su compañero de vida durante décadas. José falleció en 2004. Juntos construyeron una familia y también una trayectoria profesional que quedó profundamente ligada a Linares.

La ciudad de las minas fue el lugar donde Pilar echó raíces. José abrió su farmacia en la calle Viriato y ella hizo lo propio en la calle Sagunto, en la esquina con San Joaquín. Aquella botica se convirtió con los años en mucho más que un negocio. Fue su lugar de trabajo, su espacio cotidiano y, en cierto modo, una pequeña ventana desde la que contempló durante décadas la transformación de Linares.

Por allí pasaron varias generaciones de linarenses. Muchos la conocieron detrás del mostrador, ejerciendo una profesión que amaba y a la que dedicó buena parte de su existencia. Fue titular de la farmacia hasta su jubilación y su nombre quedó asociado para siempre a aquel establecimiento. Incluso después de retirarse, la farmacia siguió formando parte de su vida familiar.

Pilar Peralto posa con sus cinco hijos, en la celebración de su centenario.

La profesión también pasó a sus hijos. Esteban y Santiago siguieron los pasos de sus padres y se hicieron farmacéuticos. Esteban está al frente de la farmacia de la calle Navas, mientras que Santiago regenta la Farmacia Peralto Salud, en la calle Úbeda. José Luis ejerce como médico anatomopatólogo en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. David, licenciado en Filología Hispánica y titulado superior en Música, está vinculado al mundo de la cultura y preside la Fundación Teatro Joven (LaJoven) en Madrid. Antonio, que desarrolló su trayectoria profesional en el Grupo FCC, fallecido recientemente.

Cinco hijos, nietos y bisnietos completaron una familia que fue siempre el centro de su vida. La esquela de Pilar recoge sus nombres y deja entrever la dimensión de una familia que creció alrededor de aquella mujer que, durante tantos años, supo conciliar el trabajo, la maternidad y una vida profesional que para una mujer nacida en 1925 no era precisamente un camino fácil.

Pilar tampoco permaneció al margen de la vida de Linares. Junto con su marido fue hermana mayor de la Cofradía de la Virgen de Linarejos durante el periodo 1965-1966. Su vínculo con la patrona y con las tradiciones de la ciudad fue otra forma de pertenencia a una tierra que no era la de su nacimiento, pero que terminó siendo la suya.

Empresaria de reconocido prestigio

Su trayectoria como empresaria fue reconocida por la Cámara de Comercio de Linares, que le concedió el Premio a la Trayectoria Empresarial. Un reconocimiento que resumía décadas de trabajo al frente de una farmacia y de una empresa familiar, pero que también hablaba de una mujer que abrió camino en un tiempo en el que hacerlo tenía un mérito especial.

Porque detrás de la farmacéutica y de la empresaria estaba Pilar. La mujer que conocieron sus hijos, sus nietos, sus amigos, sus vecinos y tantos clientes que dejaron de serlo hace mucho tiempo para convertirse, sencillamente, en personas conocidas de toda la vida.

Hay personas que terminan formando parte de la memoria de una ciudad sin necesidad de ocupar grandes titulares. Pilar era una de ellas. Su historia estaba en una farmacia de la calle Sagunto, en las conversaciones con quienes acudían a ella, en la Cofradía de la Virgen de Linarejos, en su familia y en tantos pequeños episodios de la vida cotidiana de Linares.

También en la fortaleza con la que afrontó el paso del tiempo. Llegar a los cien años no es solamente una cuestión de longevidad. Significa haber visto desaparecer un mundo y nacer otro. Haber despedido a personas queridas. Haber conocido alegrías y pérdidas. Haber acompañado a los hijos hasta verlos formar sus propias familias y haber llegado a conocer a varias generaciones.

Pilar lo hizo manteniendo hasta el final ese vínculo con Linares que empezó cuando llegó de Sevilla para estudiar, trabajar y formar una familia. Nació sevillana, pero la vida la hizo linarense.

Misa y entierro

Este lunes, a las 17.30 horas, la parroquia de San Francisco acogerá la misa de entierro y despedida. Allí se reunirán familiares, amigos y muchas de esas personas que, de una manera u otra, compartieron algún tramo de su camino.

Linares despide a una gran mujer. A una farmacéutica que dedicó buena parte de su vida a los demás, a una madre profundamente querida, a una esposa, abuela y bisabuela, y a una mujer que supo hacerse un lugar propio en la ciudad que terminó sintiendo como suya.

Deja una familia, una profesión, muchos recuerdos y una ciudad que ya no volverá a ser exactamente la misma sin ella. Porque hay vidas que no necesitan grandes gestos para dejar huella. Basta con vivirlas durante mucho tiempo, con dignidad, con cariño y dejando algo de uno mismo en quienes tuvieron la suerte de compartirlas.

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