Melchor Villalba Lechuga habla de la política como quien ha pasado suficiente tiempo dentro de ella para distinguir entre lo que imaginaba y lo que ha terminado encontrando. No ha perdido la vehemencia con la que defiende a la Estación Linares-Baeza, ni la convicción de que sus vecinos merecen algo más que explicaciones.
Pero hay algo que ha cambiado desde aquel joven que, en 2023, hablaba de ilusión y de las posibilidades de su pueblo. Ahora sabe también cuánto puede exigir el cargo y hasta dónde está dispuesto a llegar. «A mí no me echa nadie, me voy porque quiero», dice. La frase tiene la rotundidad de quien no quiere dejar espacio a las interpretaciones.
La conversación con El Nuevo Observador transcurre en el Complejo Vega del Barco, lejos del despacho municipal. El alcalde estacionero sigue siendo alguien accesible, con los pies en la tierra y consciente de que la gestión pública se mide también en asuntos que rara vez ocupan los discursos.
No habla de su pueblo como una dependencia administrativa más de Linares, sino como una comunidad con identidad propia, necesidades concretas y derecho a decidir sobre sus recursos. Esa manera de implicarse ayuda a entender tanto su trayectoria como su desgaste.
Fuera del Ayuntamiento hay un hombre con intereses que no caben en una agenda institucional. Puede defender con dureza una posición y, al mismo tiempo, reservar espacio para aprender algo que no domina. En su vida lejos del despacho hay aficiones, curiosidad y una rutina que no gira exclusivamente en torno a la Alcaldía.
Su relación con la Administración, además, no termina en la experiencia municipal. Hasta hace poco estudiaba para las oposiciones de secretario-interventor de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, una salida profesional que conoció de cerca a través de conversaciones con responsables de la función pública local.
En un futuro no muy lejano se dedicará a otros menesteres, pero la defensa de la Estación Linares-Baeza seguirá formando parte de sus principal pensamientos, aunque deje el bastón de mando. Villalba se marcha con la convicción de haber trabajado por su gente y con la frustración de quien cree que no todo lo que debía cambiar ha cambiado. También dice que han dado a sus vecinos algo en lo que creer, una esperanza. En ese balance conviven la satisfacción por lo conseguido y la conciencia de lo pendiente.

—¿Cuándo toma la decisión?
—Es una decisión personal. Empiezo a barajar esta posibilidad después de Navidad, aunque es en Semana Santa cuando doy el paso. En esas fechas se produce un punto de inflexión y, más concretamente, el Miércoles Santo. Ese día tuve un sustillo ahí con la ansiedad y acabé en Urgencias. Fue, en ese momento, cuando me replanteé muchas cosas, entre ellas mi futuro.
Luego, como usted y todo el mundo sabe, hice pública la determinación a principios del mes de julio. Fue en esas fechas, porque después de Navidad, Semana Santa, las fiestas de la Estación y la Feria de Linares nos tomamos un pequeño respiro. Por tal motivo aproveché el inicio de julio para comunicar a los vecinos mi decisión.
—Antes de hacer pública su marcha, ¿habla con alguien?
—Sí, con tres amigas mías: Sonia, María José y Nazaret. Ellas fueron las tres primeras en saberlo. Posteriormente, se lo comunico a mi equipo: a Alberto, a Verónica, a Juan Luis y a mi prima Ana Pilar.
—La sensación sería de sorpresa, imagino
—Total. Y de hecho ha sido un verano en ese aspecto complicado, porque a la gente le ha costado asimilar un poco la noticia, porque se produce en un momento en el que todo marcha bien. No es que ahora se vaya a torcer; simplemente está siendo un mandato muy bueno y los vecinos se sorprenden de una decisión así, tan inesperada.
Siempre les digo lo mismo, que no se acaba conmigo. Más bien todo lo contrario, sé que van a mantener esta línea de trabajo e incluso lo van a mejorar, porque aquí nadie es imprescindible.
—Cuanto menos es algo atípico en política. Lo normal es que concurra a la reelección, máxime cuando todo apunta a que tiene muchas posibilidades de repetir como regidor.
—Reconozco que es una decisión poco habitual en la política y que ha sorprendido a muchísima gente, pero hay razones de mucho peso para optar por un camino distinto al que todo el mundo imagina cuando sabes que puedes volver a salir.
En la política te das cuenta de que somos muy pocos los alcaldes a los que nos importa nuestro municipio, muy pocos. La mayoría no son verdaderamente independientes y anteponen otros intereses a los de sus vecinos. Considero que son títeres de un partido, bien sea del PP, del PSOE, de Vox o de IU. Muy pocos ponen por delante a su pueblo o ciudad.
Este es un puesto muy goloso, en el sentido de que vas a actos, la gente te respeta, te quiere. Tiene cierto reconocimiento, sea un pueblo de mil habitantes o una capital de provincia. Sin embargo, comprendí que mi futuro no puede pasar por estar atado a un sillón.
Debe tener en cuenta que solo trabajé seis meses en Diario JAÉN, cuando acabé la carrera. Luego hice un máster, me marché a Colombia, regresé, formé el partido, di clases particulares y de sevillanas para ganarme cuatro perras y pagar la campaña, y ganamos las elecciones.
¿Qué pasa? Que no me quería ver con más de 30 años de alcalde, porque aquí empiezas a acumular mandato tras mandato y siempre te dejas cosas por hacer. Y te plantas en que eres [sumiso] de esto o de que tienes que empezar a llamar a las puertas del mercado laboral con 40 años. Tenía claro que no quería eso. Esto llegó a mi vida un poco así de esa manera, que no me imaginaba, lo acepté y lo volvería a aceptar, pero la vida de una persona no puede estar ligada a la política para siempre.
—Es amigo del alcalde de La Línea de la Concepción, independiente como usted. ¿Qué le dijo?
—Con José Juan [Franco Rodríguez] hablo mucho, suelo frecuentar su casa, y antes de anunciar mi decisión se la comuniqué también a él. El consejo que siempre me ha dado es que la política es muy bonita, que está muy bien, pero todo tiene un principio y un final. Él es funcionario y sabe que cuando acabe su etapa en la Alcaldía volverá a su puesto de trabajo. Por eso me recomendó que buscara un sitio, un futuro laboral, que no apostara todo a un lugar que en algún momento podía fallar. Y eso he hecho.
—Ha sido, por lo tanto, una decisión, en cierto modo, práctica.
—Además de práctica, valiente, porque me podría haber acomodado aquí y pensar en ese problema dentro de cuatro, de ocho, de doce años, o de los que hubieran permitido estar. Pero yo no quiero vivir de la política.

—¿Considera que hay mucho vividor en la política?
—Muchísimo, muchísimo, muchísimo. Gente que no sirve y no tiene vocación alguna, que se toma esto como un trabajo. A esos les recuerdo que a la política se viene a servir, no a servirse. Hay muchísimos vividores en la política, muchísimo dinero que se desperdicia, muchísimo aprovechado, y eso se ha visto en la historia: que a los mejores se los cargan. A mí no me echa nadie, me voy porque quiero. Pero el sistema está creado para que triunfen esos: los vividores, los que no tienen otro sitio al que ir y los que se toman la política como un trabajo.
—¿Está decepcionado con la política? ¿Cree que no merece la pena tanto esfuerzo y dedicación cuando ve lo que hay a su alrededor?
—Me ha decepcionado la política hasta tal punto que dentro de un mes y medio tenemos elecciones, y después de leer programas y cosas al margen de la ideología, no sabes a quién votar, porque te das cuenta de que las personas menos preparadas y más ineptas son las que más lejos llegan. Esas mismas que son capaces de perder muchísimos recursos sin sentido.
Luego estamos los alcaldes de pueblo que nos exigen más que a nadie, a pesar de que, por norma general, somos los que hacemos bien las cosas: aprobamos presupuestos antes de que llegue diciembre, no generamos deuda, pagamos a proveedores… En cambio, a nosotros nos hacen auditorías, nos exigen todo.
Luego, en el momento en que subes un poco el escalafón, te das cuenta de que ayuntamientos como el de Linares, por ejemplo, de un presupuesto de 67 millones de euros se dejan cinco, seis, siete, ocho millones de euros, si no más, en el cajón, sin ejecutar. Y a la Estación Linares-Baeza le racanean hasta el último céntimo.
Nosotros ejecutamos más del 90% del presupuesto, por no decir el cien por cien. Es decir, dinero que ponemos en el papel, dinero que se ve en las calles, en los parques, en las infraestructuras, en la cultura, en las celebraciones, en todo. La gestión no es solo programar, sino que las previsiones se hagan realidad. No montamos castillos en el aire. La gente de la Estación lo ha podido ver desde el primer día.
—¿Se siente orgulloso de lo que ha hecho hasta ahora?
—Súper orgulloso. No hay rincón del pueblo al que no le hayamos metido mano. Nuestro sello está por todas partes, aunque sea en lo más mínimo, como el cambio de una señal de tráfico. Andas por las calles y lo ves, como donde antes había un parque abandonado, ahora está remodelado, tiene vida. Ese mismo parque en el que le pude dar las gracias a Salvador Cañones por habernos dado la autonomía. Ver la rotonda nueva, la iluminación, los edificios, las calles… Me siento feliz porque hemos recuperado la Estación Linares-Baeza para su gente. Le hemos dado algo en que creer, una esperanza.
Nosotros empezamos a trabajar en la transformación del municipio desde el primer día, no nos dejamos todo para los últimos meses. De hecho, nuestra primera gran gestión conocida fue a los diez días de tomar posesión. Cuando entramos, reuní a toda la gente que estaba conmigo. Es más, al no haber traspaso de poderes, porque no hubo valentía para hacerlo y nos dejaron como perros, cogí a los míos y les dije: tenemos que trabajar para que la primera feria Solo llevamos diez días, pero quería que la gente viera que mereció la pena el cambio.
Así que sacamos un programa de feria alternativo, a pesar de que la feria ya estaba programada. Hicimos una modificación de crédito y creamos una feria nueva. Pusimos grupos nuevos, mejores cabezudos, pintamos todo, arreglamos los baños. Eso lo hicimos en diez días. Y, entre medias de eso, lo que no sabe nadie es que la primera gestión que hice fue mantener el servicio de correos.
—Es decir que en un mandato se pueden hacer cosas, que no son necesarios ni dos ni tres para transformar las cosas.
—Por supuesto. Eso son las excusas que ponen algunos y algunas para justificarse ante la gente. Nosotros, sin apenas recursos, lo hemos conseguido. Le recuerdo que aquí solo está liberado el alcalde, que el resto de concejales se desviven por el amor a su pueblo sin percibir nada a cambio. Y luego cuento con una plantilla limitadísima de trabajadores municipales. Abarcamos casi las mismas áreas de gestión que cualquier otro Ayuntamiento, menos Urbanismo, Servicios Sociales y Policía Local, al tratarse de una Entidad Local Autónoma.
Con todo, atendemos a nuestra gente como se merece, pagando los mismos impuestos que un vecino del centro de Linares que, obviamente, luego no repercute en mayor financiación. Básicamente porque ponemos la maquinaria a funcionar y el concejal hace lo propio con sus técnicos. De esta manera, se sacan cosas adelante sin necesidad de esperar al último momento.

—¿Sigue pensando que la Estación está infrafinanciada?
—Y lo pensaré hasta el día que me muera si no cambian las cosas.
—¿Qué presupuesto tiene, por regla general, un municipio de unos 1.300 habitantes que no sea Entidad Local Autónoma?
—Supera el millón de euros.
—Y usted no llega al medio millón, creo.
—Ni mucho menos. Las cuentas son muy sencillas: del Ayuntamiento de Linares por asignación directa recibimos 460.000 euros, más lo que nos da la Diputación y la Junta de Andalucía. Esto nos obliga literalmente a rebuscar hasta la última subvención.
Vivimos dándole cien mil vueltas a las cosas, calentándonos mucho la cabeza para apretar al máximo el presupuesto, desde una lata de pintura hasta lo más básico que se pueda imaginar. Con 150 euros, nosotros hacemos auténticas virguerías, como comprar esa lata de pintura para dejar un muro blanco y en condiciones. Hay que echar muchas cuentas para que cada euro tenga su aprovechamiento.
Mis vecinos no son menos que otros y, muchas veces, para cumplir una demanda debes quitar de otro sitio y así sucesivamente. El problema, como le he dicho anteriormente, es que pagamos impuestos como el que más, lo que no sabemos es cómo ese dinero se devuelve a la Estación en forma de servicios.
No sabe las veces que le he pedido al Ayuntamiento y a la Diputación que me den los datos reales de lo que mi pueblo está facturando. Los estacioneros no reciben todo lo que dan y eso me duele. Aquí pagan los ciudadanos, las empresas y las fábricas de nuestro polígono, pero no se ve recompensado como se merece. Quiero que me digan éste paga este tributo y ese dinero lo recibe en forma de…
Me quedaré con la duda, porque la hemos solicitado muchísimas veces, por escrito e incluso tuvimos una reunión, y en ella lo único que me dijeron es que los servicios ahora nos costaban menos por entrar en el cómputo de Linares, pero no es lo mismo hacer un contrato con Linares de 250 calles que hacerlo de 10. ¿Cuánto te estoy costando en ese contrato? ¿Cuánto te está costando mi limpieza viaria, mis barrenderos? Porque a lo mejor a mí me interesaría desligarme de algo. Y si lo quisieras, te podría permitir plantearte otra manera, a lo mejor, de tener tú ese servicio. O a lo mejor me tengo que callar, porque nos están tratando bastante bien. Pero, mientras tanto, me queda la duda. Voy a luchar por acabar con esa incertidumbre.
—Uno de sus propósitos desde que tomó la vara de mando fue acabar con el estigma de inseguridad y ‘mala fama’ que perseguía a la Estación. ¿Cree que lo ha conseguido?
—Hemos avanzado una barbaridad. Desde el primer momento, hablé con las personas indicadas para tratar de encarrilar la situación. Tengo un trato súper directo con la Policía Nacional y la Local. Además, los vecinos están colaborando. Les dejé claro que la Estación Linares-Baeza es un espacio de convivencia.
Tenga también en cuenta que aquí se juntaba un poco el hambre con las ganas de comer. Cuando entré al Ayuntamiento, me encontré más de 200.000 euros de remanente y un presupuesto que no se había ejecutado en el mes de mayo ni al 30%. Se juntaba que la gente no tenía ganas de nada, porque tampoco se les ofrecía alternativa alguna. Era todo rutina y monotonía. Y yo decía: pero bueno, entonces en Iznatoraf, en Escañuela, en Aldeaquemada o en Carboneros, esa gente es que no tiene vida, cuando residen menos habitantes que aquí. Así que decidimos ponernos a trabajar en planes, actividades, propuestas que sirvieran para implicar a los vecinos. Nos ha funcionado y digo con mucho orgullo que ahora somos un ejemplo para otros municipios mucho más grandes que nosotros.
Por otro lado, teníamos un viernes sí o y otro también el dichoso programa de Gloria Sierra (‘Equipo de Investigación’) sacando lo mismo, que esto era una vergüenza. Eso no ayudaba en nada. Poco a poco, todo ha ido cambiando a mejor. Aquí si hay un problema, el alcalde va por delante y da la cara. Es el alcalde el que habla con la televisión o el medio de comunicación que lo pida. Nada de esconderse, ni de salir corriendo. Eso de «no voy a hacer declaraciones», pero vamos a ver, cómo no voy a hacer declaraciones. ¿Quién eres tú? El que participa soy yo. ¿Quién eres, «la Martirio»? ¿Cómo que no vas a hacer declaraciones? Claro que se hacen declaraciones y se dice que este es el mejor lugar del mundo para vivir y que esto ha sido una cosa puntual, porque es la verdad, es que en la mayoría de los casos son hechos puntuales. Si no, que la gente vaya a la Policía Nacional y le pida el índice de criminalidad que tenemos de robos, de hurtos… Que la gente me diga una calle a la que no se pueda entrar un niño o un adulto solo y que tenga un problema. Que lo comprueben.
Aquí, el primero en enterarse de algo es el alcalde; el primero que está pendiente de que se quiten los coches de las calles un Domingo de Ramos es el alcalde y el que tiene que velar porque haya una buena convivencia es el alcalde. Eso supone un desgaste, pero es así. Nada de esconderse e ir solo para la foto. El primero que tiene que estar al lado de sus vecinos es el alcalde, y tirarles de las orejas cuando sea necesario. Hablar de tú a tú al ciudadano. Para eso hace falta mucha comunicación y coordinación y ponerse cansino, porque vivimos donde vivimos. El que me busca me encuentra, se lo aseguro, por teléfono o en la calle.

—Buena parte de su gestión se basa precisamente en el trabajo en equipo.
—Es básico. Cada uno sabemos cuáles son nuestras funciones y nos echamos una mano los unos a los otros para llegar hasta el último rincón del pueblo. Pero cuando hablo de equipo no solo lo hago de mis concejales, sino del resto del pueblo. Nada hubiera salido adelante sin la colaboración y ayuda de los colectivos.
Para mi equipo son las 25 mujeres que hay ahora mismo en el centro de día haciendo crochet para que yo luego, en verano, pueda echarme cuatro fotos y lucirme de lo bonito que se me ha quedado el pueblo. Aquí, desde el primer momento, todo el mundo interiorizó que había que trabajar para poder sacar esto adelante. Y lo más importante: el que pueda aportar diez, aporta diez. Apoyando a las asociaciones, mi equipo es mucho más que los dos, los tres o los cuatro que están en el Ayuntamiento, es toda la Estación.
—Dicen que la política envejece. ¿Se siente usted más mayor de lo que marca su fecha de nacimiento?
—La verdad es que sí. Algo más viejo sí que me siento, pero no por la edad, sino porque ocupas un cargo en el que estás con gente mayor que tú y todo es más serio, más estricto. Todo es más medido. Tienes que tener mucho cuidado cómo lo dices y a quién le dices las cosas. Y entras en un exceso, diría yo, de madurez. Porque una copa mal tomada en un bar es un vídeo en Facebook que te arruina. Una cita con la persona con la que tengas que quedar puede llevar a engaños. Más abuelo y mucho menos libre. Envejecido, pero como el buen vino (risas).
—Al final, como otros muchos alcaldes y alcaldesas, su vida es 24/7.
—Tratas de hacer huecos para disfrutar también de la vida y del tiempo libre, pero al final en los pueblos es muy difícil que la gente vea otra figura que no sea la tuya. Estamos hablando de un sitio donde a la gente le cuesta hasta llamar a unos bomberos o llamar por una rotura de agua. Eso todo es al alcalde, da igual lo que sea, es el alcalde. Y encima se encuentran al alcalde, porque si nunca lo encuentras, al final acabas no llamando. Lo que pasaba antes: nunca se encontraba a nadie, y aquí había una apatía que esto era ‘Sodoma y Gomorra’. Hay mucha gente que me dice que si esto lo hubiera dosificado de otra manera, habría durado más. Ya, pero es que yo no soy de otra manera.
—Por lo que veo, usted es de los que se implica hasta el fondo.
—Yo me implico mucho, pero es que si volviera atrás no me habría implicado menos. No me voy a implicar menos para que esto dure más. Y si hubiera durado más, habría durado con la misma implicación de la gente. Tú sabes cuándo has bajado el nivel, tú sabes cuándo la gente no te quiere como te quería. Y yo no me habría enfrentado a eso, porque me habría ido antes. En el momento en que hubiera perdido una pizca de ilusión, o de ganas, o de lo que sea, me habría ido antes.
—También compruebo que la ‘erótica del poder’ no le ha seducido nada.
—Para nada. Mi decisión es firme. Por suerte sigo preparándome, he podido entrar en alguna bolsa de interinos en la que en algún momento sonará el teléfono, y mi objetivo ahora mismo es claro: hasta que no me saque mi plaza, no voy a parar de trabajar.

—¿Y qué tiene en mente hasta mayo?
—Tenemos que terminar el presupuesto, al máximo de inversiones. Nos quedan un par de obras, el cambio de iluminación de una calle y poco más. A nivel cultural, pues todo lo que llevamos, que son todos los fines de semana y una programación súper extensa siempre. Y pensar cómo vamos a plantear 2027 a nivel político: qué inversiones me darán tiempo a hacer, qué inversiones se quedarán de cara a la persona que entre, porque tengo claro que será de mi partido. Haremos presupuesto por lo tanto sabiendo que va a ser un poco una continuidad de lo que estamos haciendo.
—¿Ha echado de menos a Linares?
—Más que echarlo de menos, he aprendido a vivir sin Linares, que es muy distinto
—¿Cuántas veces se ha desplazado la alcaldesa de Linares a la Estación Linares-Baeza?
—Ninguna, salvo cuando ella entra de alcaldesa, que viene con Mariola Aranda (anterior alcaldesa de la ELA) y Mercedes Triviño. Después, nada de nada. Y de subir yo a Linares a reunirme con ella, a excepción de la del ferrocarril, que fue con la plataforma, dos veces.
—¿Nota que lo miran con cierto desdén o por encima del hombro?
—He notado que se me ha juzgado sin que me conocieran, porque el único delito que habíamos cometido era que, después de tantos años de Partido Popular, empezábamos una nueva era. El día de las elecciones, una de las personas que me dio dos besos fue la exalcaldesa. Porque yo nunca digo ni senadora ni nada para mí: exalcaldesa, porque yo hablo en mis términos.
Después intentamos hacer un traspaso de poderes que nunca existió. Y tan solo el día que entré al Ayuntamiento se me dio un papel con las cuatro llaves, que luego encima las llaves ni correspondían con las puertas. Ese fue todo.
Yo fui con toda mi ilusión al primer acto oficial al que acudí en Linares. Fue el día de San Juan, el 24 de junio de 2023. Y ahí ella era otra persona distinta, en diez días, a la que me había dado dos besos la noche de las elecciones. Yo estaba en un acto del Ayuntamiento de Linares, y al principio han estado cada partido en su corral y a mí no se ha acercado nadie. Ni los que me conocían ni los que no me conocían. Cosa que no pasa ahora.
El hueco en Linares me lo he ganado yo, donde he encontrado gente dispuesta a conocerme, con una calidad humana muy buena. Lo que le puedo asegurar es que las puertas de la Estación están abiertas para todos.
—¿Usted ve una Estación sin Linares?
—Hombre, si tuviera más de 4.000 habitantes, claro que veo la Estación sin Linares. Si yo tuviera 4.000 habitantes, ya habría empezado un expediente de independencia, que es lo que nos permite la ley. Y no porque no quiera a Linares. Ocurría lo mismo si perteneciera a Ibros.
Querría independizarme de Linares porque quiero gestionar mis propios recursos. Y esto lo dices y parece más o menos una locura. ¿Una locura por qué? Si yo puedo ser autosuficiente con mis 1.300 habitantes, como lo son 23 municipios de la provincia que tienen menos habitantes que nosotros, ¿por qué nosotros no?
Las entidades locales autónomas somos las eternas sufridoras. Nos peleamos por una subvención… Es decir, que a nosotros nos gestionen el dinero. Imagínate que ganas un dinero tuyo y te lo gestiona tu vecino. No lo va a gestionar nunca como tú, por mucho cariño que te tenga.
Para pedir una subvención y un plan de empleo dependemos de terceros. No podemos hacer muchas cosas de manera directa. Como comprenderá, no es nada sencillo, además si no cuentas con los medios humanos necesarios. Independizarnos de Linares no es una cuestión sentimental, sino de gestión. En cualquier caso, la norma no nos lo permite.
—¿Cuál es el abrazo que más ha sentido en estos últimos tiempos?
—Puff (resopla). No sé, me pilla de improviso, pero le puedo dar un nombre, mi prima Ana Pilar. Es mi mano derecha, mi muleta en todo lo que hago, a nivel profesional y a nivel personal.
—¿Y lo necesitaba?
—Sí, por supuesto. La vida te pilla a veces en momentos que necesitas el cariño de los tuyos, de tus padres, tus titas, mi prima. Si hubiera recibido ese abrazo en otro instante, a lo mejor no hubiera sentido tanto, pero tenía mis sentimientos más a flor de piel.
Aquí, como te tienes que poner una coraza para soportar carros y carretas desde que te tomas el primer café de la mañana hasta que te acuestas, esa coraza la tienes en todo. No es tan fácil deshacerte de ella, porque como cuesta tanto hacérsela, no te la quitas así porque sí. De momento, no me he roto ni me he desplomado, pero entiendo que en algún momento romperé, no sé cuándo.

—Cuándo anunció su adiós al final del mandato, hubo mucha gente en redes sociales que lo quería a usted como alcalde de Linares, ¿qué piensa?
—Esos han sido los públicos, luego en privado he recibido muchos más en la misma sintonía. Quizá sea una de las espinas con las que me marcho, el no poder ayudar más a Linares.
—¿Qué opinión le merece la clase política local y cómo ve los plenos del Ayuntamiento de Linares?
—Demasiada mediocridad y los plenos me producen vergüenza. Creo que se aprueban unas pamplinas, unas cosas que no tienen sentido. Todo está demasiado encorsetado por las siglas y sobra el ‘y tú más’. Deberían apostar más por el diálogo y el consenso en asuntos que son de interés para toda la ciudadanía. El problema es que están demasiado pendientes de no salirse del guion que impone el partido.
—¿Tiene ya sustituto o sustituta?
—Sí que hay una persona, sí que hay un equipo, y no hay necesidad de hacer primarias ni acuerdo ni nada, porque ellos se autopropusieron en varias reuniones que hemos tenido. Ellos han tenido sus propias reuniones, sus propias conversaciones y, en la última reunión, sí que se propuso un equipo en firme, que está ahí, que está cogiendo punto, que está cogiendo tono. Vamos a dejar que pasen las generales.
Y como las diferencias que tenemos ahora son muy distintas a las de 2023… Porque en 2023 no es que tuviéramos que convencer de algo que no habíamos hecho, es que teníamos que convencer de que se fueran de su sigla de toda la vida a otra. Ahora la cosa cambia. Ahora hemos hecho mucho y no te tenemos que convencer, porque la persona y el equipo que va lo has visto mil veces, en mil actos, y tienen el mismo peso que puedo tener yo. Cercanos con la gente, gente que se entrega, comprometidos con nuestras tradiciones, con la Semana Santa, con las asociaciones, que se matan por su pueblo sin recibir nada a cambio, pero no de ahora.
Una cosa que quiero dejar clara es que las personas que estamos ya hacíamos cosas antes de estar en el Ayuntamiento. Que en el Ayuntamiento lo que gestionamos es lo de todos. Pero antes de estar en la política, los que estamos ahora mismo hacíamos cabalgata, dábamos clases, apoyábamos, visitábamos. Y decir que no es gente que vaya a salir de la caverna a hacerse con el pueblo. No, no. Nosotros ya estábamos. Por eso tengo esa seguridad. Cuando la gente dice que lo tengo muy seguro, no. Es que tengo muy seguro que no puede ganar otra cosa.
Fotos: Ana Pilar Fábrega